La historia se repite. Hace exactamente seis años Arquímedes Puccio admitía en una cámara ocultaque violaba el arresto domiciliario. La difusión del video, que fue reforzado por el testimonio desiete vecinos que ratificaban haber visto al jefe del clan saliendo de su casa a pesar de laprohibición, desató un verdadero escándalo y obligó a la Justicia a revocar la medida. Seis añosdespués, no es Puccio el que no respeta las restricciones que impone este beneficio alternativo ala prisión preventiva, sino otro de los tristemente célebres personajes de la crónica rojaargentina: el odontólogo y múltiple asesino Ricardo Barreda.
“Era él, no tengo dudas”, confesó a PERFIL uno de los testigos que lo viorealizando compras. Si bien en este caso no existe una filmación que pueda certificar ladenuncia que el año pasado radicó un comerciante del barrio porteño de Belgrano, donde el dentistamás famoso fijó domicilio el 23 de mayo de 2008, las pruebas testimoniales recolectadas por laJusticia y el último informe psicológico y técnico elaborado por el Patronato de Liberados y elServicio Penitenciario Bonaerense (SPB) podrían obligar a la Sala I de la Cámara Penal de La Plataa revocar la medida. Según fuentes judiciales, la suerte del cuádruple homicida podría definirse lasemana próxima.
Entre otras cosas, los camaristas deberán analizar a fondo el informe pericial que sugiere queBarreda “no estaría adaptándose muy bien al arresto domiciliario”, y elreciente planteo realizado por sus abogados, Eduardo Gutiérrez y Claudio Gigli, quienes lereclamaron a la Sala que amplíe el espacio de encierro, aduciendo que su defendido “necesitacaminar” para recuperarse de una operación de hernia a la que fue sometido hace tres meses ymedio.




