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A propósito del aumento de la fortuna K...

23-08-2026 | 03:47

Las rentas extraordinarias percibidas por el matrimonio de Cristina y Néstor Kirchner el pasadoaño 2008, que ascendieron a 29 millones de pesos, han tenido enorme repercusión en la prensaargentina y extranjera. Un incremento de 158% en un año de crisis era inevitable que se reflejaraen los titulares de los periódicos.

Sin embargo, ha pasado inadvertido el trasfondo fiscal que encierran esas cifras y ellas son lamuestra más elocuente de una regresiva política impositiva que el matrimonio presidencial no hadudado en preservar a lo largo de sus seis años de gobierno.

Como señala el experto fiscal Juan Carlos Gómez Sabaini, la Argentina es uno de los paísesdel mundo donde más se grava con IVA a los alimentos y los medicamentos. En un contexto donde 40%de la población está por debajo de la línea de pobreza, resulta contradictorio que la alícuota alconsumo de productos tan sensibles triplique a la que aplican países desarrollados con menospobreza.

En la Argentina, casi todos los alimentos están gravados con una tasa de 21%. Esa alícuotasupera ampliamente a la aplicada en los países desarrollados, donde el IVA para alimentos ymedicamentos suele no superar a 10%. Por ejemplo, en España y Canadá, los alimentos y medicamentosson considerados bienes sensibles y tienen una alícuota reducida que oscila entre 0 y 7%. Ahorabien, obsérvese lo que acontece con las rentas extraordinarias obtenidas en este caso por elmatrimonio Kirchner, aplicando la legislación fiscal argentina. En ese caso, los interesesdevengados por los depósitos a plazos fijos de $32 millones, que han sido aproximadamente $5,5millones, no tributan al Fisco, porque la renta financiera está exenta, según la Ley de Impuesto alas Ganancias.

Por otra parte, la renta extraordinaria devengada por el incremento en el valor del patrimonioinmobiliario vendido por los Kirchner, que ha dado lugar a un ingreso de 13,8 millones de pesos,tampoco tributa en el Impuesto a las Ganancias y sólo se abonaría 1,5% por el impuesto a lastransacciones inmobiliarias. Finalmente, los ingresos por alquileres, que ascendieron a $ 10,3millones, serían los únicos ingresos susceptibles de ser alcanzados por el Impuesto a lasGanancias.

Aquí, la alícuota no puede ser superior a 3% de los ingresos, una vez deducidos los gastos adiferencia de las retenciones que se aplican sobre los ingresos brutos. Sin embargo, el mayor valorde las sociedades que alquilan los hoteles de lujo del matrimonio, no está gravado.

En la Argentina, el incremento en el valor de las acciones de las compañías -coticen o no en laBolsa- (plusvalías) está exento. Esto explica ciertas paradojas: la operación de venta de unaempresa al extranjero, traspasando acciones que valen cientos de millones de dólares, no devenganingún impuesto, pero el desocupado que compra un kilo de arroz le paga 21% de IVA al Estado. Unade las características que diferencia la estructura tributaria argentina de la de los paísesdesarrollados es la alta participación de los impuestos a los consumos respecto a los impuestossobre las Ganancias o ingresos y la baja participación del Impuesto a la Renta de las personasfísicas respecto al total de la recaudación de ese gravamen.

El impuesto a la renta en la Argentina alcanza sólo a 5,3% del PIB. Pero como 70% lo abonan lassociedades -que luego lo compensan vía precios- el peso real del impuesto a la renta de laspersonas físicas es de 1,6 % del PIB, frente a 12 % en Australia o 9% en los Estados Unidos.

Como señala el experto fiscal Jorge Gaggero, miembro del Plan Fénix, "el sistema tributarioargentino se ha tornado muy injusto (regresivo), como consecuencia de las reformas normativas, asícomo por el crecimiento de la elusión y la evasión impositivas". Esta evolución -en rigor, unainvolución en muchos planos relevantes- resulta particularmente notable. La Argentina era, hacia lamitad del siglo pasado, un país que mostraba una estructura tributaria bastante madura yprogresiva, más parecida a la de las naciones desarrolladas que a la de los países de su propiopelotón (los denominados de desarrollo intermedio).

Afirma también Gaggero que en los últimos años no se ha encarado en la Argentina -ni durante elperíodo de la convertibilidad, ni con posterioridad a la caída de ese régimen- ninguna reforma deenvergadura en la tributación sobre las Ganancias, ni se ha realizado ningún esfuerzo para reducirla tasa del IVA a los alimentos y medicamentos.

Las modificaciones impositivas estuvieron en el programa de Néstor Kirchner en 2003 y lo mismose repitió en la última elección nacional, pero en la práctica nada se hizo, a pesar que se dabancondiciones económicas favorables para aplicar una reforma.
Durante el prolongado conflicto del campo, uno de los argumentos obsesivamente utilizado porel Gobierno y sus propagandistas para defender el incremento desproporcionado de las retenciones alas exportaciones se basaba en la defensa de una política de "redistribución de la renta".

A la luz de lo anterior, se pone de manifiesto la enorme distancia que media entre una retórica"de izquierdas" y una política impositiva, más pragmática, "de derechas". El análisis de lapolítica impositiva equivale al estudio del ADN de un Gobierno y es el rasgo determinante quepermite situarlo a la izquierda o a la derecha. Los intelectuales "progresistas" que se han dejadoseducir por una retórica elevada a niveles de batalla bíblica -y que no cesaron en poner arrogantesetiquetas de "nueva derecha" a todo aquel que no comulgaba con las ruedas de molino de un Gobiernocaracterizado por sus improvisaciones- deberían recuperar ahora un mínimo de cordura y rigor en susanálisis. Al final, como decía Perón copiando a Aristóteles, la realidad es la única verdad.

(*) Agencia DYN

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