Política•Diario Perfil

Adelanto de la columna de Fontevecchia

Aparecerá en unas horas en la edición de papel.

13-10-2026 | 11:56

Kirchner eligió imitar a Pirro de Epiro, el rey de Macedonia quien venció al Imperio Romano enel sur de Italia pero cuando se dio vuelta tenía tantos soldados muertos como su adversario. Peroterminó mucho peor. Siguiendo con el ejemplo del Imperio Romano, Kirchner terminó con lo que ellosllamaban capitis diminutio, la figura jurídica que registraba la pérdida de capacidad, libertad yautonomía civil que padecía una persona cuyo estatus dejaba de ser soberano. La diminutio tenía de tres grados: en el grado medio y mínimo se perdían muchos o algunosderechos, lo que le hubiera sucedido a Kirchner en el caso de un triunfo pírrico sobre De Narváez oun empate con él. Y la diminutio máxima que sucedía cuando el damnificado perdían todos losderechos, se transformaba en esclavo o prisionero de guerra.

El semidios. ¿Por qué alguien como Kirchner pudo poner en riesgo todo sin queresultara imprescindible? Por locura, ya era insensato apostar a un triunfo pírrico. Nuevamente unejemplo de la época de Pirro, los griegos tenía una palabra para definir la embriaguez del poderllevaba a los hombres a la desmesura y el exceso: hubris.

En el pasado remoto cuando la religión tenía más influencia sobre el pensamiento de laspersonas, se creía que los dioses castigaban a los mortales se creyeran semidioses. El héroe erasiempre endiosado y al creérselo se convertía en déspota. En Lo sublime y lo abyecto (ElisabethRoudinesco, Anagrama) se detalla ese lado oscuro del semidios: “en semejante universo, todohombre era a la vez él mismo y su contrario: héroe y basura. Todo hombre que hubiera alcanzado lacumbre de la gloria podría verse obligado en cualquier momento a descubrir que era un perverso, esdecir, monstruoso y anormal”.

Hubris se podría traducir directamente como desmesura, ese movimiento alterno que llevaba alhéroe a convertirse en víctima de su propio éxito excesivo. Hay una alternancia entre lo sublime ylo abyecto porque todo exceso es patológico.

Lea la columna de Fontevecchia completa en la edición especial del lunes del diario Perfil.

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