•El reportaje de Fontevecchia

Alfonsín: "No alcanza con Cobos"

El político que más crece en el radicalismo habla de todo: la mimetización con su padre, la expectativa social, su partido, el Gobierno, Carrió y la elección de 2011.

24-08-2026 | 10:53

Cómo cambió su vida en el último año?

—Tengo que asumir responsabilidades que no había asumido, como la de ser diputado nacionaly vicepresidente de la Cámara. Las encuestas son positivas respecto de mi imagen y soy conscientede que tienen que ver, más que nada, con la figura de Alfonsín. Eso me hace sentir todavía mayorresponsabilidad.

—¿Habría imaginado que un día sería el político argentino con mayor imagenpositiva?

—Jamás.

—¿A qué otras causas atribuye su popularidad?

—La gente me atribuye condiciones que le atribuían a Alfonsín y que hoy son necesariaspara actuar en política. Tiene la tendencia a atribuirles a los hijos las cosas que reconocían enel padre. Y creo que realmente eso soy. Me preocupo por conocer los problemas. Asumo todas lasresponsabilidades que tengo que asumir. No soy un hombre deshonesto intelectualmente a la hora deanalizar la realidad. Trato de ser consecuente, de poner por encima de las consideracionespersonales, o del partido, las que tienen que ver con la necesidad de resolver los problemas de losargentinos. No me relaciono con el adversario de manera agresiva o descalificatoria. Además de queme lo atribuyen, efectivamente lo soy. Me ven también como un hombre que pertenece al campoprogresista. Y dentro del radicalismo, quieren que sea mayoritaria la corriente progresista querepresentó Raúl Alfonsín.

—¿La adhesión que usted genera se puede trasladar a los votos o es una empatíapersonal?

—Es condición necesaria, pero no suficiente. Hay que demostrar condiciones para gobernar,buscar consensos, advertir cuáles son las prioridades, armar los equipos. Si se logra ese tipo decondiciones, sí creo que podría traducirse en votos.

—¿Estaba muy nervioso en el acto de homenaje a su padre? Dijo: “Profundizar lademocracia y lograr mayores niveles de injusticia”, en lugar de justicia.

—Sí. Soy muy tímido. Es difícil creer que un tímido pueda subir a un escenario y antemiles de personas hacer un discurso. Sin embargo, a la hora de tener que enfrentar lo que seenfrenta, perder esa timidez.

—¿No teme que al exponerse más ante la opinión pública su imagen positiva puedadecaer? Exponerse implica que las personas lo vean cada vez más a usted y dejen de ver la imagen desu padre.

—No me lo he planteado en esos términos.

—Cuando tuvo que dar discursos o enfrentar a una cantidad de público muy grande, hacedos o tres años, ¿sentía el mismo peso que hoy?

—Siguen pasando las mismas cosas, aunque en proporciones diferentes. Siempre van a estarlas comparaciones: “A ver si éste heredó algo del viejo”. No era mi preocupaciónparecerme a él, sino no defraudar alguna expectativa que se podía haber generado en la sociedad.Después se me fue perdiendo ese miedo y empecé a preocuparme porque algunos empezaban a decir:“Sí, éste es un hombre que tiene sus propias condiciones. No solamente es el hijo”.Permanentemente, me encuentro rindiendo esos exámenes.

—En las crónicas del acto se dijo que por momentos parecía “que el espíritu desu padre se apoderaba de usted”. También su apariencia física y hasta su expresión corporalson similares a las de su padre. ¿Por qué hay tanta similitud?

—Es genética. Si hay alguna actitud que procure imitarlo, no es consciente. Si laadvirtiera, la cambiaría enseguida. Yo no soy Raúl Alfonsín y no siento que deba ser RaúlAlfonsín.

—¿No nota que su voz, kinestesia y oralidad se hicieron más parecidas a las de supadre tras su muerte?

—No, siempre me lo han dicho.

—¿No cree que más allá de las lógicas genéticas y filogenéticas, usted imita a supadre con un fin político?

—En absoluto.

—Que sea inconsciente.

—No lo sé.

—¿Es consciente del efecto hipnótico que genera su voz, igual que la de supadre?

—El efecto tiene que ver con que no solamente en lo formal puedo parecerme a mi padre,sino en los contenidos. Y no es extraño que me parezca porque soy su hijo.

—Es lógico que haya similitudes, pero acá lo que sorprende es que son muygrandes.

—En cuanto a la voz, si habla con mis hermanos por teléfono, va a creer que hablaconmigo.

—Estoy tratando de entender cómo una persona novata en la política de repente seconvierte en el político de mayor valoración positiva en la Argentina. Evidentemente, es unfenómeno sociológico que lo tiene que trascender. Es interesante, como análisis político, qué pasóacá, independientemente de las virtudes de cada uno.

—Además de interesante, me resulta realmente un desafío.

—Cada vez más la política se integra a la lógica del espectáculo, que no le pide aquien comunica que lo que está comunicando sea absolutamente verdadero, sino que sea interesante. Yvemos que se está trasladando en muchos casos a la política. Siguiendo esta hipótesis, ¿no observaque existe algo así como una puesta teatral donde la sociedad tiene nostalgia de su padre y ustedcumple en el inconsciente colectivo el papel del imitador, salvando las enormes distancias, como eldoble de De Narváez en el programa de Tinelli, pero en su caso genuino, por ser el hijo?

—Habrá que ver si la sociedad, al darme ese crédito, acierta o no. Tendré quedemostrármelo y demostrarlo.

—Es lógico que la nostalgia por su padre irradie sobre el partido, sobre usted,efectos positivos. Pero en la proporción en la que se da tiene que tener una explicación de otraíndole.

—Sí. Eso debe ser lo que tiene de espectacularidad casi mágica. Quiero decir, si algo yono tengo, es espectacularidad. Incluso tengo la sensación cuando voy a algunos reportajes de quelas cosas de las cuales empiezo a hablar y reflexionar no son demasiado televisivas. Lo que hay deespectacularidad es ese parecido. ¿Y qué puedo hacer? Realmente hay nostalgia de Alfonsín, de esasideas, de esa actitud, de esa disposición. China Zorrilla dijo: “No me siento igualmentesegura en la Argentina sin Alfonsín”. Expresaba lo que muchos sienten. En principio, hay unadisposición de la gente a trasladarle al hijo las cosas que considera valiosas en su padre. Yademás me parezco. Y además de parecerme dicen que tengo la voz parecida a la de él. Y además digocosas parecidas a las de él. Es decir, ratifico esa disposición natural de la gente.

—De Narváez, en un año, pasó de ser una persona políticamente desconocida a ganarlela elección a Kirchner. Esto habla de una sociedad mediática que se comporta de una manera distintaa como era hace 50 años la política. Pero también tiene que ver con usted, que parece tener unaparticular fijación con su padre, independientemente…

—De mi voluntad.

—Le pongo otro ejemplo: la entrevista que le hice el año pasado, tras la muerte de supadre, también fue en vísperas de Semana Santa, y cuando nos despedimos usted me saludó con loobvio para esta fecha: “Felices Pascuas”. Y como acto reflejo no pudo reprimir agregar:“la casa está en orden”. ¿Cree que Freud dejaría pasar ese lapsus sin cargarlo designificados?

—Cualquier hijo idealiza a su padre. Probablemente sea la persona que, junto con mishijos, más quiero.

—¿Se analizó alguna vez sobre este tema?

—Cuando era joven. Después no fui más.

—En la Recoleta especialmente le salió la voz de su padre. ¿Hay algo que se apoderade usted, que es él?

—Ojalá, pero no creo que Dios se meta en esto.

—A lo mejor somos nosotros, la audiencia, que nos sugestionamos en ese acto.

—Lloraba la gente cuando hablaba yo, y sé que no lloraba por mí. Si me pongo a pensar esascosas, no puedo seguir haciendo política. Lo tengo que asumir. Me parecería muy interesante esteanálisis si se tratara de otro. Lo que digo es: “Ay, dios mío, espero no defraudar. Yo no soyRaúl Alfonsín. Y si se llega a profundizar esta imagen, esta consideración ciudadana ¿estaré a laaltura de las circunstancias?”. Eso sí me lo pregunto.

—Para la UCR es un capital político importantísimo contar con el dirigente con mayorvaloración positiva.

—Sí, pero soy consciente de que tuve una ayuda post mortem del viejo, muy importante.Ahora, si no pasaba en agosto, septiembre, octubre del año pasado, me estoy preguntando por quéempezó a pasar después.

—¿Y por qué?

—Porque cuando la gente me empezó a conocer, empezó a ver que realmente esa necesidad quetenía de que alguien fuera una continuidad, y en particular su hijo, se ratificaba, por lo menos,en cuanto a valores.

—Su padre era de carácter fuerte y él mismo se definía como cabrón, ¿su naturaleza noestaba más cercana a la de Carrió que a la más conciliatoria de Cobos?

—No sé qué idea tiene de Julio Cobos. Yo también tengo mucho carácter. Papá no eraviolento, pero se fastidiaba. Y hay cosas que le fastidiaban a él que son las que me fastidian amí. La falta de honestidad intelectual. La corrupción es despreciable. Pero me produce fastidio lafalta de seriedad.

—¿Cobos también tiene mucho carácter?

—Hay una imagen equivocada, porque para tomar las decisiones que tomó hay que tenercarácter. Las que tomó, incluso, cuando dejó el partido siendo gobernador radical. Y bancarse lasituación difícil que tiene en el Senado.

—¿Cómo se habría ubicado su padre en este Congreso nuevo? ¿Cerca de posiciones másconfrontativas, como la de Carrió? ¿O más conciliatorias, como las suyas?

—La segunda, absolutamente seguro.

—¿El desempeño de Julio Cobos como vicepresidente es positivo?

—Sí. Deberíamos preguntarnos por qué se produce esta situación, quién es el responsable ycómo se resuelve. Después del 28 de junio, el rol que, simbólicamente, quería Cobos (ser el únicofreno, la única garantía, frente a las tendencias autoritarias o hegemónicas del Gobierno) iba aempezar a perder fuerza, porque sería la oposición la que lo cumpliría, y eso iba a afectar surelación porque estaba muy vinculada a ser el único símbolo del límite. Había que manejarse conmucha responsabilidad para no dañar la relación que Cobos tenía con la sociedad, y al encontrarseen la situación en la que se encuentra, iba a tener muchas limitaciones para consolidarla. El nopuede presentar proyectos, no puede participar en los debates, no puede estar haciendo lasconciliaciones en los bloques. No puede recorrer el país como candidato de otro partido para hacerconocer sus propuestas. Lo tendrá que hacer recién cuando deje de ser vicepresidente. Por eso, veíaque había que trabajar mucho para consolidar el partido. Y la mejor manera de trabajar paraconsolidar este proceso era tratar de que la mayor cantidad de sus miembros tuviera una buenarelación con la sociedad. Había que tratar de recorrer, caminar, hablar, explicar muchísimo todo loque podían hacer. Algunos creyeron que esta tarea tenía que ver con la necesidad de posicionarnospara ir a disputar una candidatura presidencial. Y tiene que ver con la necesidad de recuperar alpartido. Primero, la política, porque me preocupa la distancia que la sociedad pone entre ella y lapolítica, y sin acompañamiento social, la política se debilita cada vez más. Después, el partido,porque es la herramienta desde la cual puedo trabajar para la política.

—Terragno y Sanz sostuvieron que Cobos no debe renunciar. Su visión, interpreto, esla misma. ¿No debe renunciar hasta que sea candidato?

—Sí, y cuando ya estemos disputando las campañas. Si le hacen la vida imposible y supermanencia resulta un obstáculo que en lugar de resolver los problemas los complica más, habrá quever. Hoy creo que sería peor el remedio que la enfermedad.

—Independientemente de que fuera peor el remedio que la enfermedad, ¿puede serpeligroso para Cobos que se mantenga esta dualidad entre la oposición y el Gobierno?

—El debe estar convencido de que, en términos electorales, sería mejor renunciar. Peroprioriza tratar de preservar las instituciones. Otorga tranquilidad a la sociedad ante ciertasactitudes del Gobierno.

—En las encuestas, toda la oposición está perdiendo valoración. ¿No sería lógico,entonces, que, como Cobos era el no oficialista con mayor aceptación en la sociedad, lo que élpierde es, en proporción, lo que pierde toda la oposición en su conjunto?

—Se han exagerado las diferencias internas, y es equivocada la imputación que nos hacen deno haber sabido actuar con inteligencia frente al Gobierno. El Congreso, el recinto, no empezó afuncionar, y no ha tenido la visibilidad que podría tener. Pero el trabajo en comisiones que seestá haciendo es muy importante. Estamos trabajando para consensuar proyectos que tienen que vercon la necesidad de terminar con la intoxicación institucional que ha generado este gobierno y queexplica la concentración de poder en Argentina. Vamos a sancionar una ley que financie las deudasde las provincias, la coparticipación del cheque. Vamos a terminar con la reglamentación de los DNUy con el tema del Consejo de la Magistratura.

—¿Y por qué se exagera con las diferencias?

—Hay presión para que se construya una alianza entre sectores que no piensan igual paraganarle al kirchnerismo. Algunos creen que es necesario, y yo creo que sería un fraude más a laciudadanía. Entiendo a la sociedad que no esté politizada, pero quienes estamos haciendo políticano podemos actuar de esa manera.

—¿Cierta parte de los medios apura la creación de una fuerza que pueda ganarle ya alGobierno y no en 2011?

—Ya y también en 2011. Hablo con mucha gente independiente que cree, ingenua ysinceramente, que podemos reunirnos en una misma fuerza electoral con Unión PRO o con las fuerzasde centroderecha.

—¿Comparte la decisión de Cobos de votar a favor de la destitución de Redrado en elBanco Central?

—Es la que menos explicación necesitaba, porque los cuestionamientos eran muy severos yanteriores. Lo que menos costo político ofrecía era decir “este señor es un desastre, peropuede permanecer”.

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