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Berlusconi y los monarcas republicanos: qué bien les vendría a los italianos darse una vuelta por la Argentina

24-08-2026 | 09:31

Silvio, eres más grande que Julio César". El cartel, sostenido por un jubilado italiano,resume, según opinión de un cronista, el mitin celebrado el sábado pasado en Roma dónde, copiandocánticos del fútbol, Silvio Berlusconi y el Pueblo de la Libertad (PDL) salieron a la calle paraatacar a la izquierda, a los jueces y para defender el eslogan "el amor vence siempre sobre el odioy la envidia".

Según los organizadores, un millón de personas o cien mil, según la prensa, se reunieron en laplaza de San Juan de Letrán para escuchar la novedosa propuesta lanzada por Berlusconi: la eleccióndirecta del primer ministro y del presidente de la República.

En los sistemas parlamentarios el primer ministro es siempre designado por el Parlamento,donde en esa elección generalmente sólo interviene la Cámara de Diputados. Es una de las señas deidentidad del parlamentarismo, dado que se considera que el ejecutivo actúa como mero delegado delParlamento, quien siempre conserva el poder de cesarlo, a través de la moción de censura.

Es, además, un gobierno de tipo colectivo, donde los ministros del Gabinete tienen un rolrelevante y no pueden ser cesados fácilmente por el primer ministro, cuando representan a alguna delas fuerzas políticas coaligadas que sostienen al Gobierno.
Por su parte, el presidente de la República, en los sistemas parlamentarios que no sonmonarquías, asume el rol de Jefe del Estado y es considerado un poder arbitral, que está por encimade los tres poderes tradicionales y de las querellas partidarias. Para garantizar su imparcialidadse considera que no puede ser elegido popularmente, dado que en ese caso representaría a unpartido.

En Alemania, por ejemplo, el presidente es elegido de modo indirecto, por una numerosa Asamblea,en la que participan alrededor de 1.200 compromisarios, en representación del Bundestag (cámarabaja) y los parlamentos regionales (länder). En Italia, la elección también es indirecta y elColegio que elige al presidente por siete años con una mayoría de dos tercios, está integrado porla Asamblea de diputados y senadores y tres representantes por cada región.

Por consiguiente, la designación popular del primer ministro y del presidente que postulaBerlusconi -y que naturalmente requeriría una reforma constitucional- convertiría al sistemaparlamentario italiano en un sistema presidencialista o semi-presidencialista. Está claro que laelección popular del primer ministro es incompatible con un sistema parlamentario. En cambio, laelección popular del presidente es característica de los sistemas semi-presidencialistas, como elfrancés.

En relación con la propuesta de Berlusconi, uno de los problemas que se achaca alpresidencialismo es justamente la elección popular del presidente. Esa legitimidad de origen,ganada en una elección popular, lo dota de un enorme poder simbólico y puede convertir alpresidente en una suerte de monarca republicano, dispuesto a utilizar ese poder en la dirección queestime más apropiada.

El reconocido politólogo argentino Guillermo O'Donell ha elaborado una consistente tesis sobrelas denominadas democracias delegativas, para describir aquellos gobiernos que si bien tienen unorigen legítimo, ganado en elecciones democráticas, poco a poco van acumulando más poder, noreconocen los límites constitucionales-legales del resto de poderes del Estado e incurren en unatransgresión o extralimitación de las fronteras institucionales legalmente establecidas. Unreciente artículo de actualización de su tesis se puede leer en el blog del Club Político Argentino(www.clubpoliticoargentino.blogspot.com).

La concepción básica de las democracias delegativas es que, con la elección popular, elpresidente ha recibido un mandato amplio, lo que le permite tomar las decisiones que mejor leparecen y que quedan sujetas sólo al resultado de futuras elecciones presidenciales.

Por consiguiente, para esta visión, las instituciones, que en el diseño constitucional estánpara controlar al Ejecutivo, o las agencias de control horizontal, debido a su constanteinterferencia, se convierten en un molesto estorbo, dado que -en un lenguaje presidencial cercano-no hacen más que poner "palos en la rueda".

El presidente, elegido popularmente, se considera el más autorizado intérprete de los grandesintereses de la Nación y se siente que está por encima de las visiones parciales y egoístas de losotros actores institucionales. Afirma, dicotomizando el campo político, que frente a una mayoríaque está "a favor del país", se alzan grupos de intereses corporativos egoístas. En respuesta a lairritación que produce en el líder lo que considera injustificables oposiciones, aumenta el riesgode una creciente deriva autoritaria.
Como auténticos "salvadores de la patria", los presidentes elegidos popularmente se resistena tener aliados y exigen de sus colaboradores una adhesión incondicional. No soportan la autonomíade sus ministros y, cuando éstos adquieren cierta relevancia, son despedidos abruptamente yarrojados al campo de los "traidores".

La consecuencia práctica de esta concepción es que las decisiones presidenciales, al no pasarpor los filtros de otras instituciones ni buscar los consensos básicos en cuestiones de políticasde Estado, son abruptas, espasmódicas, inconsultas, precipitadas y poco eficaces. GuillermoO'Donell señala como ejemplo de democracias delegativas en el pasado a las presidencias de Menem,Fujimori y Collor de Mello, gobiernos caracterizados por su impronta neoliberal. En la actualidad,las nuevas democracias delegativas, las sitúa en la Argentina, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, endonde si bien predomina un sesgo más popular en las políticas económicas, coinciden con lasprecedentes en el desprecio por los límites institucionales. O'Donell señala que no es meracasualidad que las democracias delegativas surjan en países que han tenido una fuerte tradiciónpopulista. Por lo tanto, la izquierda italiana bien podría promover visitas turísticas-instructivasa las nuevas democracias delegativas latinoamericanas para que los jóvenes italianos puedan conocerde primera mano los resultados a los que puede llevarlos la propuesta de Berlusconi. Otra opción,más económica, sería repasar simplemente la historia italiana, poniendo la atención sobre elperíodo que se inicia en el año 1922.

(*) Agencia DYN

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