Hugo Luis Biolcati se levanta de la reposera y camina cerca del mar. Ya durmió unalarga siesta y ahora merodea alrededor de su sombrilla blanca con cara de aburrido. El calor delmediodía en Punta del Este lo obliga a refrescarse con una Coca-Cola en lata que toma de un trago.El presidente de la Sociedad Rural, hombre de campo y estancias luce un bronceado arrebatado ytiene la cara tan roja como su malla.
Biolcati es el ruralista más explosivo y odiado por el Gobierno. Acusado de oligarca y golpistapor los voceros oficiales, ahora descansa en Punta del Este, el balneario más top de la costauruguaya. Se lo nota relajado en medio de sus minivacaciones en la playa: “Me quedo dos díasnomás, vine para festejar el cumpleaños de mi cuñada”, cuenta mientras camina por la arenajunto a su esposa Dolores Alberdi y su cuñada, que desconfían del periodista: “Tenécuidado”, le recomiendan entre risas.
Biolcati es el rival perfecto para un gobierno que busca conspiraciones en todoslados: un hombre rico que en el imaginario kirchnerista representa al prototipo de laoligarquía y cuyas declaraciones no sólo son políticamente incorrectas sino que se ajustan aldiscurso de clima destituyente que denuncian los Kirchner. “ Nos han acusado de tantas cosas a las entidades, de oligarcas, de incendiarios, degolpistas... Hemos demostrado en estos dos años que no somos golpistas ni destituyentes. Sóloactuamos en defensa de un sector productivo”, dice él.




