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Cómo se vivió el terror de la dictadura en el interior del país

Las matanzas se sucedieron desde Ledesma, en Jujuy, hasta Gobernador Gregores, en Santa Cruz. Toda la historia. Galería de imágenes.

13-10-2026 | 15:25

El fusilamiento de siete detenidos en las afueras de un pequeño pueblo del sureste cordobésdurante la última dictadura, simboliza cómo el terrorismo de Estado se filtró por todas lascicatrices del país, que fueron construidas en una historia signada por la violencia.

El hecho en cuestión es la denominada “Masacre de Los Surgentes”, ocurrida el 17 deoctubre de 1976 en Los Surgentes, cuando un grupo de tareas perteneciente al II cuerpo del Ejércitotrasladó a unos detenidos desde la ciudad de Rosario hasta ese pueblo de la provincia de Córdoba.Allí, en un descampado, una balacera terminó con la vida de siete jóvenes que quedaron apilados(literalmente) hasta el día siguiente.

Una pila de cadáveres ametrallados de gente “desconocida”, a la vera de un apaciblepueblo. El acontecimiento es parte de una época tremendamente violenta.

En esos años, las escaladas de violencia en todos los rincones del país eran consideradas comosucesos propios de una “guerra” entre bandos “políticamente opuestos”.

Los habitantes de pueblos como Los Surgentes podían atribuir esa demencial violencia desatadacomo algo propio de las grandes ciudades, lugares donde, históricamente, “ocurrieron”los acontecimientos de trascendencia.

Pero si en ciudades clave como Buenos Aires, La Plata, Córdoba o Rosario, la situación de losfamiliares de personas detenidas y desaparecidas era de por sí desconcertante en el sentido de lanula información que el aparato estatal en su conjunto les brindaba, en las regiones alejadas aesos polos de conflicto la situación que se vivía, bien podía ser considerada como de“ignorancia”, justificando de alguna manera las sensaciones de no saber en absoluto loque estaba ocurriendo o simplemente interpretarlo como algo que pasaba “de costado”,que se leía en algunos diarios de gran tirada o en los escuetos y poco creíbles informestelevisivos. La radio, que tenía mucha más llegada a poblaciones “alejadas”, se acoplóobligatoriamente a esa lógica de la información recortada o tergiversada.

Sin embargo, el teatro de operaciones que ofreció el interior del país posibilitó a losmilitares desplegar una poderosa maquinaria, tanto logística como brutalmente violenta en pos deaniquilar de manera fulminante a los movimientos armados, las guerrillas, como así también todaslas personas consideradas por ellos como “subversivos”.

De esta manera, es inquietante cómo fue la relación entre las poblaciones del“interior” del país con el accionar del terrorismo estatal durante la última dictadura,donde se conjugó una mezcla de inocencia evidente con –y al mismo tiempo– un temorintencional de saber lo que estaba sucediendo. “El silencio es salud”, se podíaescuchar, paradójicamente, de las bocas de quienes defendían la incursión del terrorismo estatalpor aquellos años. Evidencia explícita a lo que significaba “saber algo”.

La pila de muertos por fusilamiento que apareció a los ojos de un pueblo“analfabeto” de querer y poder saber (como en tantos otros pueblos) lo que ocurría enesos momentos es la imagen más cabal, la más elocuente, de que el terror reinó en todas partes, nosólo en las ciudades importantes.

Una pila de muertos, de muertos fusilados, en el centro mismo de la Argentina, en el campo, ametros de un pueblo silencioso, es quizás la representación más espeluznante de nuestra historia.Sobre todo, si el esclarecimiento de ese caso, el de Los Surgentes, sobreviniera muchos añosdespués. Famaillá, otro pueblo del interior profundo de las provincias, tiene un triste legadorelacionado con la historia de la Argentina reciente, ya que en ese poblado se llevaron a cabo losprimeros ensayos de lo que fueron, posteriormente, los centros clandestinos de detención (CCD), alser ese lugar de Tucumán punto estratégico del Operativo Independencia de 1975.

Todo el país fue dividido en zonas militares. Fueron cinco. Fue una verdadera cartografía delterror militar y del poder totalizador que cubrió toda la extensión territorial. Zonas militarescontroladas tanto por las patrullas militares apostadas en las rutas nacionales, como así tambiéncon la colaboración imprescindible que ofrecieron todas las policías provinciales.

En Córdoba, que durante los años de la dictadura fue manejada por la mano de hierro del generalMenéndez, recientemente condenado, existió un verdadero corredor de la muerte, que es la ruta queune la ciudad capital provincial con Carlos Paz. Esa cinta asfáltica de sólo veinte kilómetrossirvió de puente para transportar a muchos perseguidos que llegaban al Valle de Punilla a buscarrefugios y escondites escapando de las persecuciones militares y policiales.

Sobre esa ruta se apostó el CCD más grande del interior del país, La Perla, donde se estima quese realizaron más de 3 mil asesinatos.

La masacre de Margarita Belén ocurrida el 13 de diciembre de 1976 en cercanías del pueblohomónimo, en Chaco, también se puede analizar como la de Los Surgentes, ya que es una muestra totalde la impunidad y de la extrema violencia en ámbitos desolados, con habitantes que prefirieronignorar lo que pasaba por temor, quizás, a lo que podía significar saber lo que ocurría. A la saludhabía que cuidarla con el silencio. En Jujuy, los poblados del departamento de Ledesma fueronescenario de los acontecimientos más siniestros y psicológicamente aterradores de la dictadura,cuando más de 400 trabajadores, principalmente del Ingenio Ledesma, fueron secuestrados a lo largode seis noches, en momentos en que las comunidades quedaban intencionalmente a oscuras, sin luzeléctrica.

Esos sucesos conocidos como “La noche del apagón” no sólo se analizan por elaccionar libremente despiadado de las fuerzas militares, sino también por la colaboración querecibieron de los dueños del inmenso Ingenio, que actuó como centro de detención y, además, era elque proveía de electricidad a las poblaciones que lo circundaban.

En el otro extremo del país, el poblado de Gobernador Gregores, en Santa Cruz, tampoco quedóexento del accionar militar al quedar esta pequeña población patagónica bajo la tutela del generalHoracio Primitivo Calleja, que controló el pueblo de manera inquisitorial persiguiendo a todapersona considerada “peligrosa”, las cuales en su mayoría fueron los alumnos de laúnica escuela secundaria que había en Gregores. En el libro La noche del chancho, de la docenteHurí Portela, se relatan esos hechos.

Quizás, y para terminar este paneo incompleto del terrorismo de Estado entremezclado con lossilencios de las poblaciones del interior profundo, debamos mencionar, el accionar del CCD LaPolaka, cerca de Paso de los Libres, en Corrientes, no sólo por su función, que se asemejó a la deotros centros, sino también por ser pieza clave y nexo del Plan Cóndor al tener en su zona deinfluencia, el control de las personas que querían salir del país buscando escapar de la muertesegura.

Las fosas comunes con cuerpos no identificados que se siguen encontrando a lo largo y ancho detodo el país, como las de la provincia de Santa Fe, o las del poblado de Chos Malal en Neuquén,también nos muestran la enormidad del terror estatal que reinó en nuestras caras durante más desiete años, terror que se esparció en más de 300 centros clandestinos en todo el país.

Este manto de silencio que cubrió todo el territorio, ya sea por disciplinamiento militar opolicial como por un silenciamiento “intencional”, provocó que el desconocimiento de loque ocurrió no fue sólo a causa del terror militar, sino que es propio de nuestra conducta de noquerer saber, por temor a lo que ese saber puede representar provocando una especie de cultura deldesentendimiento y un estado de amnesia social poco saludable.

*Historiador.

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