"Contra periodistas"

El periodista opina sobre las agresiones que sufrieron varios colegas en los últimos días.

"Contra periodistas"
25-08-2026 | 06:53

El hostigamiento personal contra periodistas que impulsan grupos dechoque kirchneristas no empezó hace poco, como registra la mayoría de las crónicas. En verdad, seinició durante la campaña electoral, cuando el ex presidente respondió a preguntas de trabajadoresde prensa como si fuera un barra brava y dio así carta blanca a todos sus seguidores para insultary patotear a cualquier colega que no estuviera alineado con el pensamiento úniko.

La desmesura que implica la agresión verbal de Néstor Kirchner protegido por sucustodia contra un periodista que pregunta, sea en representación de Clarín, de Radio Continental o del Canal América, es, además de censurable, un signo de cobardía. Personal e institucional. Tancobarde como la acción de quienes insultaron durante dos cuadras a Fernando Bravo, el juevespasado, en el marco de la manifestación a favor de la Ley de Medios que terminó frente a lostribunales. Tan intolerante como los gritos descalificadores y las persecuciones que vienensufriendo en la vía pública, frente a los medios donde trabajan y, en algunos casos, cerca de susdomicilios particulares, colegas que decidieron no hacerlo público, por temor a amplificar elhecho, y contagiar de malas ideas a militantes fanatizados que sueñan con entregar a Kirchner lacabeza de un enemigo en esta guerra que inició su jefe.

El pasado viernes 9 de abril tuve la mala suerte de toparme con elinicio de la primera marcha de apoyo a la Ley de Medios, convocada en el obelisco, justo cuando lapolicía interrumpió el tránsito que venía desde la avenida Corrientes hacia Leandro Alem. Estacioné sobre la mano izquierda de Corrientes, aconsejado por un policía que me advirtió sobre elespeso clima imperante. Tenía una cita muy cerca, el día había sido demasiado largo y lo queríaterminar sin ningún inconveniente. Caminé unos metros hacia la calle Libertad hasta que un hombremás o menos alto, y de contextura física robusta, que seguramente iba hacia la marcha gritó:“¡Gorila!”, como si fuera el dueño del peronismo. Iba acompañado de otras trespersonas. Me di vuelta y sonreí. El volvió, se puso a mi lado, me tocó el hombro y de nuevo megritó en la cara. ¡Gorila!. Le dije que si me tocaba de nuevo le iba a responder de la misma forma.El episodio no terminó en una batalla campal porque mientras sus compañeros se acercaban otro grupode cuatro personas tomó la decisión de enfrentarlos, y esa determinación puso fin alhostigamiento.

Antes de llegar a la esquina, otro hombre, sentado junto a dos mujeresa la mesa del bar ubicado a la vereda, vociferó: “¡¿Cómo pudiste escribir un libro tanvaliente como Los dueños de la Argentina y terminaste haciendo ahora esta porquería lleno de inventosque te pagó el Grupo Clarín?!”. Como su agresión parecía más elaborada le pregunté si teníaun minuto para discutirlo. Aproveché la sorpresa que le causó la invitación para preguntarle si lohabía leído. Le recordé que el nuevo libro empezaba con una denuncia que involucraba en un graveepisodio de corrupción al propio Kirchner, que el denunciante era alguien que había gobernadodurante ocho años junto a él la provincia de Santa Cruz y que le pidió a los jueces que lo carearancon el entonces gobernador. También le pregunté si su virulenta crítica personal incluía la defensade hechos de corrupción protagonizados por el ex presidente. La mujer que estaba a su derecha ledijo: “te taparon la boca. Por charlatán”. El decidió terminar la charla con unaacusación de supuesta censura: “Cuando (Enrique) Pinti estaba haciendo una denuncia, no lodejaste terminar. Mandaste un corte larguísimo y no volvió más”. Le pedí que me recordara dequé estaba hablando Pinti. Le expliqué que me parecía difícil, porque había sido este gobierno elque nos había negado el uso del Cabildo para hacer un reportaje precisamente a Pinti. El fogosocrítico no recordaba ni una cosa ni la otra. Prefirió iniciar otra discusión con su compañera demesa.

Seguí caminando y en estado de alerta, hasta que llegué a la esquinade Libertad y Lavalle. Allí, desde adentro del café Petit Colón salió a la vereda otromanifestante, con una pequeña bandera en la mano, quien gritó a viva voz: “¡Puto!”.Detrás suyo salió una ex asesora de prensa de una ex funcionaria. Ella se le paró enfrente y leescupió en la cara: “¡Sos un cobarde!”. El hombre y sus acompañantes tardaron segundosen pagar la cuenta y retirarse del lugar.

Decenas de periodistas que caminan por la calle sin custodia vienensoportando agresiones parecidas desde hace más o menos un año. Programas de televisión como 6,7,8, Duro de domar y Televisión Registrada las propician y alimentan. El aparato del Estado y las máximasautoridades de este país las alientan y justifican. La mayoría de los colegas no las denuncianporque tienen miedo de que las represalias sean todavía peores. ¿Qué pasaría si en el contexto dela locura dominante aparecieran uno, o dos o más “soldados kirchneristas” y se les“fuera la mano”, como sostienen que se le habría ido la mano al jefe de los custodiosde Yabrán que mandó a disciplinar a José Luis Cabezas?

Si algo parecido llegara a ocurrir, sería improbable que la justiciapudiera determinar la responsabilidad efectiva del ex presidente. Pero muy pocos dudarían de suresponsabilidad política.

Fuente: El Cronista.

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