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De la guerrilla comunicacional chavista a la burda muestra de propaganda oficial que es “6-7-8”

Tanto el gobierno venezolano de Hugo Chávez, como el argentino de los Kirchner comparten su obsesión con la prensa.

24-08-2026 | 11:43

Un grupo de jóvenes adolescentes, uniformados, juraron recientemente en Venezuela su adhesión alos "comandos juveniles de guerrilla comunicacional" que promueve el gobierno bolivariano de HugoChávez.

Ellos forman parte de la operación "Trueno Comunicacional", dirigida a combatir los mensajes quedifunden los medios de comunicación privados, considerado el "aparato de dominación de los pueblos"operado desde los centros de poder. En la Argentina, los intelectuales oficialistas de CartaAbierta, también han conformado una peculiar "guerrilla comunicacional".

La iniciativa de Hugo Chávez encaja en su particular guerra contra los medios de comunicaciónhostiles al gobierno, iniciada largo tiempo atrás, cuando negó la renovación de la licencia deRadio Caracas TV. Más adelante, el presidente suspendió también la señal de televisión por cable deRCTV y otros cinco canales de televisión: América TV, American Network, Ritmo Son, Momentum y TVNChile.

Chávez anunció también que retiraría la concesión de 240 emisoras de radio y abrió nuevosprocedimientos administrativos contra varios canales privados, entre ellos el opositor Globovisión,por "transmitir mensajes en defensa de la propiedad privada".

Entre otras singulares iniciativas dirigidas a combatir el poder de los medios de comunicación,Chávez ha propiciado, con escasa fortuna, la creación de Telesur (Nueva Televisión del Sur), con lapretensión de crear una cadena regional de noticias para competir con las cadenas internacionales,en la que está asociada la Argentina.

También ha exhortado a producir "telenovelas socialistas", distintas a las capitalistas, quesean más acordes con el proceso revolucionario que impulsa en su país.

La estrategia de los nuevos guerrilleros comunicacionales de Chávez consistirá en comunicar,movilizar y organizar labores como volanteo y empapelado de estaciones de Metro. El Presidentetambién pretende que los estudiantes y jóvenes desplieguen a través de Internet las redes deencuentro personal, la telefonía móvil y, mediante actividades artísticas y culturales, laboresdirigidas a enfrentar "el silencio mediático".

En la Argentina, los grupos de intelectuales afines al Gobierno, han diseñado también unaestrategia similar, con la esperanza de influir en los comentarios periodísticos que transmiten losmedios de comunicación privados.

Su estrategia consiste en glosar, con opiniones críticas, enmascaradas como "comentarios delectores", los artículos de opinión que aparecen en los boletines electrónicos de los diarios. Esas"críticas K" -algunos añaden otra K- se pueden identificar rápidamente porque tienen tres rasgoscaracterísticos: descalificaciones muy agresivas al periodista que escribe (falacia "ad hominem"),visión maniquea y "falacias de desplazamiento", es decir introducir cuestiones que no se vinculancon el tema tratado haciendo referencias obsesivas al pasado (por ejemplo, "a los que huyeron enhelicóptero").

La historia de la comunicación prueba sobradamente que todas estas maniobras no sólo soninútiles sino que a la larga se vuelven contra sus propios autores, ya que al crear un nuevo"relato", sesgado y parcial, supuestamente dirigido a contrarrestar el de los medios, los mismosterminan encerrados en una burbuja comunicacional que los vuelve más intolerantes y radicales ensus planteamientos.

El resultado final es que sus puntos de vista son compartidos sólo por una reducida nube defanáticos seguidores y revelan cada vez un menor contacto con la realidad.

Las noticias y comentarios que publican los medios de comunicación son producciones humanas y,por lo tanto, están siempre expuestas a la ambigüedad y la subjetividad. Pero estas no sonpatologías, sino que sencillamente, la pretensión de alcanzar una verdad "objetiva", que satisfagaa todos, es proponerse un objetivo místico, inalcanzable. De allí, que todas las democracias selimiten a garantizar que una pluralidad infinita de opiniones lleguen, a través de todo tipo demedios, a los ciudadanos.

Ahora bien. Los públicos receptores de esas informaciones y comentarios no son receptorespasivos, sino que prestan atención a algunas noticias, ignoran la mayoría e insertan los relatos enuna trama que refleja sus respectivos valores e intereses.

Como señala Murray Edelman, un análisis adecuado del periodismo "lo vería como un momento de unacompleja cadena de interpretaciones, cada una de cuyas fases anticipa las interpretacionesanteriores y ayuda a darles forma".

Quienes desde el oficialismo acusan a "los monopolios mediáticos" de deformar la realidad,deberían entender que la única manera de sacar del mercado un producto de mala calidad esofreciendo otro de calidad superior.

Si las producciones de los canales de televisión oficial y las radios estatales tuvieran lacalidad alcanzada por la BBC en el Reino Unido -conseguida gracias a preservar con celo suindependencia de la influencia estatal- probablemente ganarían un público preparado y abierto paraconocer todas las opiniones.

Lamentablemente, el nivel de calidad de algunos programas de la televisión pública argentina esdeplorable. Los que no han tenido ocasión de ver "6-7-8" harían bien en hacer una parada en esapantalla para ver, reunidos en un mismo espacio, la muestra más chabacana, zafia, burda y groserade propaganda oficial que alguien pudiera imaginar.

Si Chávez se dirige raudamente al modelo periodístico implantado en Cuba hace muchos años -dondesólo se puede leer "Gramma", único medio tolerado en la isla- en la Argentina, dada la fuerza de susociedad civil, se está lejos de semejante despropósito. Aquí, por el momento, sólo asistimos alespectáculo pintoresco de algunos personajes que lanza en ristre, colocándose el yelmo de DonQuijote en la cabeza, se empeñan en embestir contra amenazadores molinos de viento.

(*) DyN

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