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El desaguisado de la AFIP mostró la verdadera cara del proyecto K y le dio aire a Cobos

El vice supone que el gobierno que él decidió integrar ha sido copado definitivamente por Néstor Kirchner y no se lo aguanta. Y tampoco le cae nada bien la inusitada crispación que, desde arriba, se transmite a la sociedad.

23-08-2026 | 12:06

Julio César Cobos supone que el gobierno que él decidió integrar ha sido copado definitivamentepor Néstor Kirchner y no se lo aguanta. Al vicepresidente tampoco le cae nada bien la inusitadacrispación que, de arriba para abajo, transmite la cúpula gubernamental hacia la sociedad. Apenasel jueves por la noche, tras el intempestivo desaguisado que cometió la AFIP contra Clarín, segúngente de su confianza a instancias del ex presidente, Cobos se quedó algo más tranquilo cuando suequipo político le señaló que quien había desactivado la incursión mixta compuesta por sabuesosimpositivos y servicios de inteligencia, había sido Cristina Fernández de Kirchner.

Esa misma tarde, el vicepresidente había cruzado definitivamente el Rubicón en su relacióncon el Gobierno, cuando se puso al frente de una parte sustantiva de la oposición, para advertirque si el Proyecto de Servicios de Comunicación Audiovisual se convierte en Ley, su sanción serárevisada cuando cambie la composición de las dos Cámaras. Esa actitud provocó una catarata decríticas oficiales y pedidos de renuncia, pero como Cobos sabe que está jugando una carrera contrael desgaste del Gobierno, no se va a ir, por ahora, "por motivos institucionales", ya que estáconvencido, dicen en su entorno, de que representa un freno a la hegemonía que pretende ejercerKirchner.

Su famoso voto no positivo había sido un problema casi de conciencia para el vicepresidente, quelo llevó hasta pedir perdón, pero esta vez, hundió el cuchillo hasta el fondo porque evalúa, añadena su alrededor, que la Presidenta está siendo esmerilada aceleradamente desde dentro de su propiogobierno, debido a la compulsión que padece por difundir buenas noticias a como dé lugar o pormostrar acción contra las llamadas fuerzas del mal, encarnadas hoy en los dirigentes del agro y enel Grupo Clarín.
De modo bien objetivo, vale recordar los fallidos que tuvo Cristina durante las últimassemanas, cuando confundió sumas blanqueadas con recaudación impositiva o cuando dijo que nunca seenviaron proyectos de Ley de Medios en democracia o este viernes mismo, cuando con bombos yplatillos anunció el envío de un Proyecto de ley que elimina los delitos de calumnias e injurias,mientras existen otros 7 (tres del oficialismo) con estado parlamentario, durmiendo en el Congreso.Esta columna se preguntaba la semana anterior si eran simples casualidades o si los asesores leestán pasando, adrede, como barrunta Cobos, una letra inadecuada.

Sin ir más lejos, el jueves, cuando Cristina detalló de modo bien didáctico cómo se van aefectuar los reintegros a los pequeños y medianos productores de trigo y maíz y por qué no sepueden instrumentar de otra forma, la prensa adicta la volvió a dejar mal parada con épicostitulares sobre ilusorias bajas de retenciones, destinados solo a irritar a la gente del campo, quedecidió no ir al anuncio, para no convertirse en parte de la claque. Ambos anuncios se realizaron através de la cadena oficial de radio y televisión y si bien usarla es potestad de la Presidencia,sobre todo cuando hay hechos que lo justifican por su repercusión pública, desde la extremasensibilidad que hay en el ambiente muchos tomaron la ligereza de ambas emisiones en cadena comosendas mojadas de oreja al campo y a la prensa, los enemigos a vencer.

Pero lo que rompió todos los moldes fue la incursión militarizada contra el edificio de Clarín ycontra algunas otras empresas y directivos del Grupo. Los funcionarios de la AFIP llegaroncinematográficamente a bordo de camionetas de color negro casi del estilo SWAT y cuentan losperiodistas que estaban en la redacciones de Clarín, Olé y La Razón que los veían desde lasventanas, que se desplegaron codo a codo en las veredas de toda la manzana y que metían miedo, yaque se asemejaban, prestos a avanzar en bloque, a una fuerza de choque similar a la de un batallónde soldados de clones, más propio de la Guerra de las Galaxias que de un procedimiento impositivo.En verdad, el espectáculo, tan inquietante en la visualización, fue una puesta en escena casi devodeville, ya que nadie sabía muy bien qué papel cumplir y los jefes tampoco conocían a quienreportaban. Además, si el Gobierno pretendía encontrar irregularidades para mostrarlas de modoejemplificador debió saber desde antes que se trata de algo casi imposible de hallar en unacompañía que está obligada a la transparencia, por su condición de participante del mercado deoferta pública.

Desde lo político, toda la locura que generó la incursión de los inspectores y su inmediatadifusión al mundo, sobre todo vía Internet, obligó a las autoridades detenerla por la mitad,mientras el número uno de la AFIP, Ricardo Echegaray se cavaba su propia tumba oficializando“un operativo de rutina” ante la prensa y casi simultáneamente negando su conocimientoante las autoridades de Clarín, junto al envío de una nota en la que se inmolaba en pro de lacausa, ya que admitía que había sido pasado por encima por sus propios subordinados. Sin embargo,el ruido mayor lo hizo el viernes por la mañana el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández quien,amparado en su envidiable cintura comunicacional, trató de convencer a la audiencia de una radioque el Gobierno no fue quien dio la instrucción, sino que había sido una víctima, ya que, a sujuicio, "alguien ha cobrado para llevar a la práctica esta acción y dejar al Gobierno mal parado.Daremos cuenta de los responsables y se irán a su casa", prometió sin ruborizarse AF, en un símil ala distancia de aquel imborrable inspector Renault, que cazaba a los sospechosos de siempre en lamítica Casablanca.

Desde lo conceptual, el discurso de Aníbal Fernández intentó justificar que, ante la gravedivergencia de ideas que existe entre ambos, "sería de estúpidos" y habría que tener "unamentalidad absolutamente atrofiada para suponer que el Gobierno, en semejante conflicto comoestamos nosotros en este momento con el monopolio Clarín, va a hacer una cosa de esascaracterísticas". Si de estupideces se habla, lo que resultó más que evidente en medio de lasdiscuiones por la ley de medios, que fue la AFIP la que ejecutó, desde el punto de vista delproducto, una acción del más puro antimarketing, mucho peor si fue impulsada por Kirchner, en líneadirecta con Echegaray o aún puenteándolo, ya que se supone que se trata del principal asesor de laPresidenta.

El mismo Fernández terció para aclarar ese mito, cuando dijo que el ex presidente "no tiene nadaque ver con la gestión de Gobierno" y agregó que a él no da órdenes "y si no me las da a mí, yogarantizo que nadie de la gestión recibe órdenes de Néstor Kirchner".

Pese a tantos vericuetos y excusas, lo concreto es que el hecho intimidatorio ocurrió y que fuetan grosero y desmedido que se hizo sentir no sólo en el ambiente periodístico, ya que puso enguardia a las entidades gremiales empresarias, sino también entre los políticos de la oposición,aunque probablemente también haya calado hondo en el interior de muchos oficialistas que estabandispuestos a levantar su mano. Según una fuente gubernamental a la que tuvo acceso DyN, desde lopolítico, la primera preocupación de Cristina estuvo referida a evitar que la desafortunadaincursión de la AFIP pudiera ser interpretada por la opinión pública como una muestra de lo que sepuede venir en materia de libertad de prensa. En la evaluación de daños, seguro que la Presidentaconstató que, de modo inmediato, su Gobierno quedó pegado a la acción de los gobiernos de Ecuador yVenezuela y a sus leyes restrictivas.

La propia Cristina se autoreferenció el viernes para dirigirse al público interno y tratar demitigar el daño que sintió que le había ocasionado al Proyecto la incursión contra Clarín, cuandoseñaló frente a autoridades de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos cuál es su modo deentender la libertad, los derechos humanos y la participación democrática: "yo prefiero milmillones de mentiras antes que cerrar la boca o ser la responsable de haber cerrado la boca dealguien", dijo.
Y dobló la apuesta: "Y si se me permite, desafío a cualquier archivo, a cualquier memoria, acualquier prueba, que no ha habido mayor libertad para hablar de las autoridades de un país quedurante el gobierno de la primera presidenta mujer de la República Argentina", agregó.

Sin embargo, el ataque desembozado contra Clarín, que sucede después de varias accionesgubernamentales de diferente cuño destinadas a perjudicar a ese grupo de medios, dejó aldescubierto que si hay voluntad totalitaria en los gobiernos –no sólo éste, sino también losque lo sucedan- siempre se podrá avanzar contra la prensa independiente desde todos susdependencias (impositivas, comerciales, legales, regulatorias, etc.) bajo la excusa del contralorestatal. En esas condiciones, la posibilidad de regimentar la opinión será un hecho bienconcreto.

Lo que es hoy una batalla contra el Grupo Clarín casi exclusivamente focalizada en los mediosaudiovisuales, bien podría derivar en presión hacia las demás modalidades de informar y mucho máshacia quienes no tengan las anchas espaldas que tiene un multimedios. Una ley que avance sobre lalibertad de expresión, con artículos que supeditan a la prensa a la discrecionalidad del gobiernode turno dejará seguramente más desprotegidos que ahora a muchos periodistas independientes, dueñosde opiniones plurales que bien podrían sucumbir ante una simple inspección impositiva o ante latentación de los avisos oficiales.

(*) Agencia DYN

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