Una de las características más molestas del discurso kirchnerista, especialidad de Cristina, esla de hablar ambiguamente, sin terminar de explicitar lo que quiere decir. Como Vladimir (Didi) yEstragón (Gogo) en la célebre obra de Samuel Beckett Esperando a Godot, llenan el espacio de palabras para no decir nada.
Ésta no es una marca exclusiva del discurso kirchnerista, sino una condición de la política de mala fe. Ya que cualquier debate necesita de dosposiciones, las palabras vacías constituyen una forma de argumentación falaz en la cual los argumentos del contrincante son ninguneados. Al no referirse a lo que dice el otro, uno evita responder y no hace más queacumular palabras para tratar de “ganar”, mientras que la real función del debate es lade lógicamente llegar a las verdaderas conclusiones. El que discute con honestidad debe darle elbeneficio de la duda a los argumentos del contrincante y derrotarlos con lógica, reconociendo los puntos válidos y así modificar suposición para incluirlos si fuera necesario.
Me extraña que en el debate del tema Malvinas, revitalizado por el comienzo de actividades deexploración de la plataforma Ocean Guardian en las inmediaciones de las islas, ninguna de las dosposiciones, ni la argentina y ni la inglesa, hayan sido formuladas coherentemente y con la honestidad intelectual que un tema de tal transcendencia merece. No quiero decirque nuestros argumentos no estén sobre la mesa, ya que tantos años de discusión han llevado a quecasi todo esté dicho, pero me parece que debería haber una formulación correcta por parte delEjecutivo, respondiendo a la totalidad de la cuestión y no a puntos individuales.
El capítulo XI de la Carta de las Naciones Unidas es el texto relevante a esta cuestión. Por unlado, reconoce el derecho al desarrollo social y económico de los habitantes de los territorios“no autónomos”, en un marco de paz y seguridad internacional. Por el otro, estedesarrollo “deberá fundarse en el principio general de la buena vecindad, teniendodebidamente en cuenta los intereses y el bienestar del resto del mundo en cuestiones de caráctersocial, económico y comercial”.
En el caso puntual de las Malvinas, la Carta de las Naciones Unidas no daría validez absoluta aninguna de las dos posiciones, ya que responde a los intereses de los Falklanders (quienes gozan de mayores posibilidades de desarrollo económico siendoingleses, admitámoslo) y a los nuestros (ya que el “principio de buena vecindad”requiere tener en cuenta los intereses del “resto del mundo”, o sea, nuestros interesessociales, léase soberanía sobre nuestro territorio nacional, y económicos, el posible beneficioeconómico que los recursos naturales ofrecería a la Argentina).
La posición británica se puede corroborar en los comunicados de prensa del Foreign & Commonwealth Office y en los dichos de su titular, Lord David Miliband.Reiteran que no existe disputa en relación a la soberanía de las islas Malvinas, ya que laCarta de las Naciones Unidas otorga el derecho a la autodeterminación a los habitantes de territorios “noautónomos”. Esto implica que como son los mismos isleños quienes otorgaron las licencias deexplotación de hidrocarburos, es un hecho legal.
El discurso de Cristina en la Cumbre de Cancún delinea la posición argentina. Dice la Presidentaque Gran Bretaña está violando el derecho internacional en dos puntos, al violar la soberanía del territorio nacional argentino y al promover acciones unilaterales en aguas disputadas (promoviendo la explotación dehidrocarburos).
Ambos lados pecan de imprudentes al no reconocer los puntos válidos del otro. Cada uno serefiere solamente al artículo que le conviene de la Carta de las Naciones Unidas, los británicosapelando al derecho de desarrollo económico y social de los habitantes de las Malvinas, nosotros al“principio de buena vecindad” que debería responder a los intereses del resto del mundo(lo cual implica el respeto por el territorio de un país y sus recursos naturales, y el respeto porel derecho internacional).
Si queremos avanzar en nuestro legítimo reclamo por las islas Malvinas, debemos puntualizar quenuestra posición no se basa puramente en los estatutos del derecho internacional, ya que éste esambiguo. No es posible derivar un argumento a priori que establezca que un territorio nacional seconstituye por ciertas distinciones geográficas, ya que todas son arbitrarias. Todo territorio nacional es una consecuencia de procesossocio-histórico-económicos y no de una “lógica interna” del concepto de nación.
Pero existe una enorme correlación entre geografía y administración territorial. El argumentosobre la plataforma continental argentina es complicado porque las definiciones en sí sonarbitrarias. Lo que no es arbitrario es que las islas están mucho mas cerca de la Argentina que de Gran Bretaña. Lo quetampoco es arbitrario es que el colonialismo fue un método salvaje donde a través del robo laspotencias europeas incrementaron sus fortunas, hundiendo en la desdicha a quienes conquistaron.
Para fortalecer nuestra posición debemos explicitar el costo económico de ceder nuestrosrecursos, y las posibilidades de progreso que ellos implican. Rafael Bielsa escribió un granartículo en el que describe las posibilidades económicas de la explotación de recursos de lasMalvinas para PERFIL el 13 de febrero: Malvinas Argentinas, ¿petróleokelper?”.
También debemos afrontar el tema de los kelpers, ya que llevan 177 años habitando las islas. LasMalvinas no van a poder ser argentinas si toda su población es culturalmente de origen británico yrechaza la administración argentina. Es obvio que tienen mayores posibilidades de desarrollo económico bajo soberanía inglesa, y aunque loskelpers no son responsables de su incómoda posición, están ahí y son, para nosotros, una parte más del problema. Su situación no justifica la utilización de nuestrosrecursos.
Si Cristina y Taiana dejaran de lado esa forma discursiva del kirchnerismo, si dejaran deparecerse a Didi y Gogo, y preparasen una exposición coherente y completa del problema, es posibleque se logre un apoyo mayor de la comunidad internacional y que el sueño de izar la banderaArgentina en las Malvinas se aleje de la utopía y se acerque a la realidad.
* Especial para Perfil.com.






