Los comensales se quedaron perplejos ante la confesión. De la nada, Mirtha Legrand soltó unaspalabras que dejó asombrados a todos. El martes 15, en uno de sus almuerzos, la conductora contóque tuvo una sobrina desaparecida durante la última dictadura militar: “Gracias a que yo eraconocida y famosa pude salvarla”.
Más de tres décadas pasaron para que diera esta confesión. En ese entonces, gracias a ser quienera, pudo iniciar gestiones frente al ministro de Interior de la dictadura, Albano Harguindeguy, ylograr la aparición con vida de María Fernanda Martínez Suárez, su sobrina. Se trata de la hija desu hermano, el cineasta y director del Festival de Cine de Mar del Plata, José Martínez Suárez.
Quien no corrió la misma suerte fue el marido de la joven, Julio Enzo Panebianco, un empleado dela DGI de 23 años que militaba en la Juventud Peronista. “Nunca más supimos de él,nunca”, dijo. Según contó, fue ella misma quien pidió ayuda al interventor –unmilitar– de Canal 13 en ese momento. “No me brindó ayuda por temor, porque todo elmundo tenía miedo de comprometerse. El Canal 13 estaba en manos de la Marina, y entonces recurrí aun general de la Nación a quien circunstancialmente habíamos conocido. Lo llamé al generalHarguindeguy, conseguí el teléfono y lo llamé, le expliqué de qué se trataba”, prosiguió.“Bueno, deme un tiempo, Mirtha, lo voy a averiguar, es muy difícil, muy difícil elcaso”, contó al aire que le respondió el general.
Julio Enzo Panebianco y María Fernanda Martínez Suárez fueron secuestrados en 1977 a la noche enel piso 1 de Malabia 2591 por un grupo de tareas del Ejército. Como en muchos procedimientos de esaépoca, primero desvalijaron la casa y luego esperaron a que llegara la pareja para capturarlos.
“El día 2 de marzo de 1977, cerca de las 20 horas, concurrió a mi domicilio un grupo deseis o siete personas armadas y de civil quienes se autotitularon policías. Requirieron lapresencia de Julio pero él no se encontraba, pues se había ido a estudiar con una profesoraparticular. Procedieron a revisar todo y robaron dinero y electrodomésticos. Al llegar Julio a sucasa y ante su indignación, procedieron a inyectarle una droga desconocida. Se lo llevaron juntocon su esposa, encapuchados y atados”, relató María Angélica Labbé, madre de Julio, segúnaparece citada en el legajo 2.781 de la Conadep.






