Una simple firma fue suficiente para que el Gobierno de Cristina Fernández pierda a dos aliadosclaves en la agroindustria, sector donde el kirchnerismo tiene muy pocos amigos, y parece perderlosa medida que ratifica su cuestionado rumbo económico.
Sancor y La Serenísima, los dos gigantes de la industria lechera, suscribieron a un documentoredactado por la Asociación Empresaria Argentina (AEA) -entidad que reúne a grandes nombres de laproducción nacional como Arcor, Fiat Argentina, Techint, Roggio y Aceitera Deheza, entre otros-donde exigieron al Gobierno el fin de los controles de precios y la normalización del Indec, dos temas quevinculan directamente al devaluado secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
En el documento de la AEA se hace incapié en propuestas que se encuentran en las antípodas del“método Moreno”. Así, los empresarios reclaman disminuir la intervención del Estadopara “movilizar las energías del sector privado” porque “es lo que hace faltapara que crezcan las compañías, el empleo, el país”.
El documento también argumenta que resulta “fundamental preservar el sistema de libertad de precios, en un marco competitivo”, considerando que “laextensa experiencia histórica en el empleo de controles de precios indica que, en la medida en quepersistan desequilibrios macroeconómicos básicos, éstos no son eficaces para eliminar lainflación” y que “por el contrario, la manipulación discrecional de los precios agudizalas distorsiones de precios relativos en un contexto inflacionario, y genera fuertes desincentivosa la producción y a la inversión en los sectores perjudicados”.
Este petitorio sale a la luz precisamente cuando Moreno se calza el traje de“gerente” y desde su cargo de secretario de Comercio se dispone a controlar losdestinos de una empresa privada, llevando el intervencionismo a un nivel prácticamente absurdo,contraste que hace más evidente la posición liberal de empresas que hasta ahora mantenían una grancautela ante las medidas oficiales.
Desde el silencio del Gobierno argentino ante la expropiación de Technit en Venezuela, la UIA ylas principales entidades empresarias comenzaron a hacer oír sus reclamos, y el documento de la AEA es el corolario de este proceso, donde los señalamientos novienen ya de sectores opositores sino de empresas que mantienen profundas relaciones con elGobierno y cuyo interlocutor era nada menos que el propio Guillermo Moreno.
El kirchnerismo, un mal negocio
Sancor Cooperativas Unidas Limitada y Mastellone Hnos fueron dos poderosos alfiles en un elviolento juego de ajedrez del intervencionismo kirchnerista. Ambas empresas controlan el mercadointerno de la leche ya que acaparan el 40 por ciento de lo que se produce en el país, y fueron las primeras en suscribir a los acuerdos de precios que se pergeñaban en laSecretaría de Comercio Interior.
Aunque estos pactos poco incidían en el precio real, lo cierto es que Sancor y La Serenísimahicieron lo imposible para mantener a raya los precios de góndola de la leche y los quesos máspopulares, alimentos que están en la mesa de todos los argentinos.
Así, el Gobierno lograba obediencia de las empresas presionando por un lado a Sancor con lospagos que Venezuela realiza por la compra anticipada de leche en polvo, que fue el“salvataje” que consiguió para esta cooperativa del interior del país luego de que suscuentas cayeran estrepitosamente en 2006. Los pagos del gobierno de Hugo Chávez se realizan através del Banco del Sur, la banca creada por ambos países y que el Gobierno controla de similarforma que el Banco Nación.
Fue por eso que la empresa sunchalense recibió a Moreno en sus sopresivas visitas a la regiónpara presionar a tamberos de la cuenca láctea santafesina con los planes para intervenir en el sector, y realizó otros gestos clave, comouna foto del presidente de la cooperativa junto a la Presidenta Cristina Fernández en plenoconflicto entre campo y Gobierno. Estos avatares mantuvieron sus cuentas fuera de peligro al cierredel año, pero en el primer trimestre de este período su rojo llega a 58,8 millones de pesos, yvuelve a hacer sonar las alarmas en esta láctea de la provincia de Santa Fe.
A la vez, La Serenísima fue tentado por el sistema de retenciones y compensaciones, principalherramienta del intervencionismo de Moreno, ya que las retenciones a la exportación de leche enpolvo generaron un millonario fondo que compuso el capital necesario para un reparto discrecionalde subisidios, donde Mastellones Hnos fue la principal favorecida.
Gracias a estas compensaciones, el Estado financió hasta un 20 por ciento de la compra de materia prima, la másvoluminosa en el mercado. Sin embargo, este sistema estuvo lejos de favorecer a la empresa dePascual Mastellone, ya que mientras en 2007 la compañía recibió 200 millones de pesos encompensaciones, en 2008 esta cifra no superó los 50 millones, por lo que el propio kirchnerismofue el primero en romper el pacto, llevando a la usina láctea más importante del país a un rojo de 250 millonesde pesos al finalizar su último año fiscal.
Con sus cuentas dañadas, el fantasma de la venta asoló a La Serenísima, y fue el propio NéstorKirchner quien prometió “ayudar” durante su campaña proselitista para diputado deBuenos Aires, pero esa ayuda no fue más que la oferta para que los tradicionales amigos delGobierno se postulen para adquirir la empresa que desde 1929 pertence a la familia Mastellone, yque el kirchnerismo pretendía entregar a Eskenazi o al Grupo Danone. “Mientrasyo viva, no voy a vender”, dicen que dijo “Don Pascual”, como lo llaman sustamberos, haciendo frente en solitario a la situación crítica de su empresa y negando los rumoresde venta.
Las empresas lácteas medianas y pequeñas que se encuentran en las tres provincias lecheras-Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos- tampoco se beneficiaron con la constantes intervenciones delGobierno, y la principal causa de su disgusto es, precisamente, las amenazas de Moreno.
Los empresarios del sector relataron a Perfil.com que verían con “gran alivio” la partida del secretario deComercio, que ante la más pequeña voz crítica con las medidas intervencionistas o las informacioneserróneas del Indec, Moreno en persona les avisaba telefónicamente que recibirían inspecciones de la AFIP, como le sucedió tiempo atrás a una usinaláctea de Rafaela, ciudad enclavada en el corazón de la cuenca lechera santafesina.
Es por esto que las empresas que otrora fueron las primeras en acudir al llamado del Gobierno entiempos difíciles, y que colaboraron con el kirchnerismo para detener las encendidas protestas delos productores lecheros desde mucho antes del conflicto del campo y el Gobierno de 2008, hoy se alejan del kirchnerismo, relcamando a viva voz la normalización de laeconomía, la transparecnia del Indec, y poner en marcha la “energías del sectorprivado” para reconstruir el dañado tejido productivo. La pregunta que ronda a losempresarios es si el Gobierno continuará haciendo oídos sordos a los pedidos de la producción odecidirá, de una vez por todas, ponerle fin a la ineficiencia en aras de una mayor y mejorproducción nacional.
(*) especial para Perfil.com




