Tras la muerte del ex presidente Néstor Kirchner son muchas las hipótesis acerca de la falta decontrol sobre su salud debilitada, informa esta semana la Revista Noticias. A los principales especialistas de lamedicina argentina les cuesta entender que alguien de la investidura de Kirchner, con factores de riesgo altos y que transcurrió lamayor parte del 2010 con problemas de salud recurrentes y serios, no estuviera casi entrealgodones. Difícil era mantenerlo en un lugar como ese, y la opinión generalizada es que LuisBuonomo, el médico presidencial, no era el más indicado para cumplir con ese rol, porque no sabía ono podía ponerle límites a Kirchner.
Buonomo es cirujano. No es cardiólogo, no es neurólogo, no es especialista en ACV, y estuvosiempre a contramano geográfica del matrimonio presidencial: cuando sufrió una angioplastia en septiembre, el médico estaba en Río Gallegos; ahora, mientras los Kirchner visitaban ElCalafate, él estaba en Buenos Aires. Además, después de la operación que recibió el ex presidente de lacarótida, en febrero, Buonomo dejó de consultar a otros colegas. "Así no se puede controlar lasalud de un ex mandatario, de lejos, sin acompañarlo en las giras y sin aceptar segundas opinionesmás especializadas", se enojan los expertos.
Las hipótesis sobre lo que desencadenó la muerte de Kirchner soncontradictorias. Sin embargo, la que más circula es que Kirchner podría haber dejado de tomar o habría tomado dosis insuficientes de fármacosindispensables para una persona con stent en el cuerpo. Mientras tanto, crecen lassospechas sobre quien fue su médico personal, Buonomo, quien comenzó su amistad con Kirchner en1985, antes de que el ex presidente fuera intendente de Río Gallegos.
La nota completa, en la última edición de la Revista Noticias.
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