A pesar de la llamativa calma que gobierna algunas variables económicas, en esta época preelectoral, las señales que se emitan desde el país hacia el exterior pueden generar mayor o menorinterés en el exterior.
En especial, cuando desde los mismos círculos del poder se insiste con una actitud deconfrontación con todos aquellos que no comulguen con los postulados más extremos de la liturgiaoficialista.
Si son tiempos difíciles en lo político, lo son mucho más en lo económico porque una vez más lapolítica insaciable, está devorando el endeble aparato económico y apunta a hincar sus dientessobre el tejido social.
Lejos de solucionarse, los problemas heredados de los años 90 y agravados intensa einnecesariamente desde 2002, apuntan a aumentar la tensión social. Con un agravante, el propiogobierno está alimentando ese derrumbe social o peor aun lo está escondiendo.
Es que los asentamientos de indigentes están proliferando a medida que se va deteriorando laactividad económica y ahora lo hacen con la tutela del gobierno nacional, y los intendentes, acambio de remesas giradas desde Buenos Aires.
Como si se tratara de trastos viejos o mercancías en mal estado, muchos de los habitantes devillas miserias del Conurbano son trasladados hacia el interior bonaerense, hacia nuevosasentamientos, cada vez más precarios, bajo la promesa de una vida mejor, pero con el único objetode esconderlos hasta tanto pase el episodio electoral.
Estos verdaderos pogromos, al mejor estilo estalinista, cuentan con la anuencia de losintendentes que se quitan de encima un asentamiento y aquellos que los reciben. Ambos sebenefician. Los primeros porque recogerán los votos de los vecinos que "agradecerán en las urnas"haberles sacado el asentamiento de su cercanía. Los últimos porque a cambio de dar acogida a losnuevos habitantes, recibirán una retribución financiera, en compensación por tamaño acto dehumanidad. Municipios del oeste bonaerense y otros cercanos a la costa atlántica son mudos testigosde las nuevas "corrientes migratorias".
La precariedad es una constante en la vida de estas personas, la situación en absoluto va acambiar y a quienes les urgen necesidades básicas, las seguirán teniendo, a pesar de la metodologíasoviética. Como dijo la Presidenta horas atrás: "el mundo cambió, pero nosotros seguimos siendo losmismos". Una verdadera definición del modelo regente. Pero los errores y los horrores ya estánhechos.
Sin embargo, lo más importante son las señales que se emiten desde estas latitudes hacia elmundo y hacia el futuro. La designación de auditores o síndicos en empresas privadas por parte delEstado, alegando derechos a partir de una porción minoritaria de tenencia accionaria en esascompañías, disparó los primeros temores en el mundo empresario. ¿Quién va a invertir en empresasdonde son auditadas por el Estado? Pero es mucho peor la señal sobre la rentabilidad de lasempresas. ¿Quién va a invertir en un país donde el Estado prohíbe a empresas remesar utilidades asus accionistas y casas matrices en el extranjero? La disputa del Estado por entrometerse en elmanejo del capital privado ha puesto todos los sistemas en alerta en los principales escritorios dela City porteña.
No es casual que todo el establishment haya salido a enfrentar cualquier intento denacionalización al mejor estilo chavista.
Golpe y contrarréplica aumenta la tensión entre el Estado y los privados a 25 días de laselecciones. La revisión del ingreso de Venezuela al MERCOSUR pone al gobierno, cuanto menos, en unaposición poco confortable.
(*) Agencia DYN




