En lo declamativo Néstor Kirchner fue un presidente revolucionario. Pero en lo sustantivo“no quiso, no supo o no pudo” (como dijo de sí Raúl Alfonsín) lograr que sus ideas defondo llegaran a aplicarse totalmente. Si logró, y no es un mérito menor, instalar esas ideas en laagenda y muy probablemente queden instaladas para siempre o, por lo menos, influyan como un legadoindisimulable sobre el gobierno que surja en las elecciones de 2011, e incluso sobre el resultadomismo de las próximas elecciones.
Juicio a los ex represores, redistribución de la renta y desconcentración de los medios decomunicación, fueron las tres grandes batallas de Kirchner contra lo establecido, aquello difícilde cambiar, o sea: la roca dura del poder. Pero los juicios a los ex represores tardaron en poderinstrumentarse excesivamente y en su mayoría aun no llegaron a condena. La redistribución de larenta mejoró durante los primeros años pero desde 2008 la inflación se encargó de destruircualquier nueva avance e, incluso, se empeoró sobre lo alcanzado. Y sen la desconcentración demedios de comunicación, lo que es igual a decir: reducir el tamaño relativo de Clarín a lo que eraantes que el propio Néstor Kirchner asumiera en 2003, es donde menos pudo avanzar porque primeroayudó a engrandecerlo y luego por la resistencia que opuso el lobby de Clarín sumado a la impericiapropia del Gobierno.
Pero si Kirchner no fue tan exitoso en pasar sus ideas a la práctica, sí lo fue en hacerlasaceptadas por una mayor cantidad de argentinos. Y el triunfo cultural siempre es más importante queel material (por eso fue tan grave banalizar a las Madres de Plaza de Mayo utilizándolas enbatallas del presente, o mentir sobre el pasado confundiendo a víctimas de la represión conrepresores para deshonrar a adversarios). Y Kirchner culturalmente triunfó. Difícilmente elpresidente electo en 2011 podría silenciar el juicio a los ex represores e indultar a suscondenados, o promover una economía que no contribuya a reducir la exclusión social o puedaconcederle a Clarín ventajas como las que el propio Kirchner le otorgó cuando permitió la fusión deMulticanal con Cablevisión (incluyendo Fibertel) en 2007.
Incluso electoralmente, será más difícil que triunfe un candidato cuya imagen pública aparezcaasociada a la idea de punto final, a la ortodoxia económica y aparezca del brazo de Magnetto.Simplificadamente se podría decir que tras la muerte de Kirchner el Peronismo Federal, Macri yCobos reducen sus posibilidades electorales para presidente y las aumenta Scioli y Alfonsín. Scioliporque podría ser el candidato oficial del PJ haciendo ocioso el peronismo anti K y dejandoabstracta la cruzada anti Néstor Kirchner de Duhalde. Y si Cristina decidiera ir por la reelección,salvo que mostrara alteraciones psíquicas o emocionales de magnitud que volvieran a encender laconfrontación, sería difícil para Scioli ir como candidato del peronismo no K traicionando no soloa sus mentores políticos sino enfrentando a una viuda. Lo mismo ya comenzaría a suceder con Cobos oMacri quienes podrían aparecer como demasiado enfrentados al oficialismo, una forma atenuada delsíndrome Carrió.
Es que el sentimiento “gorila” de odio anti K tiene grandes posibilidades dedesvanecerse con su muerte porque Néstor Kirchner podría llevarse a la tumba todo el sentimiento–irracional– de venganza que sobre él se acumuló. En una especie de simbólica Ley delTalión, aquella del ojo por ojo, que hacía a algunos soñar con una derrota electoral de Kirchnersolo para permitir “que se pudra en la cárcel”: ¿qué más castigo divino que el perderla vida?
Está claro que con Néstor Kirchner no murió simbólicamente un ex presidente o un candidato, sinoalguien a quien la población percibe como el presidente real. Cristina es la gran incógnita. Tantopuede desarrollar resiliencia, asumir como presidenta plena y transformarse en candidata de suespacio político con mayores posibilidades de triunfo en las próximas elecciones que las que teníasu ex marido, como comenzar un proceso emocional que aterrice en el traspaso de poder en diciembredel año próximo con más o menos turbulencias dependiendo si se inclina a desapego de un duelomelancólico o al un nerviosismo de un proceso maniático.
La muerte produce enormes efectos psicológicos en los vivos. Alfonsín y el radicalismo en suconjunto pueden dar reciente testimonio de ello. Pero no es lo mismo en alguien que murió alejadodel poder como Alfonsín que en plena actividad como Kirchner. Y aún el ejercicio del poder, tampocoes lo mismo la muerte en alguien en los últimos años de su vida como Perón que la de alguien en suplenitud como Kirchner.
Es impredecible. Lo cierto es que cambió todo. Probablemente no en la dirección que imaginan losoperadores internacionales de bolsa que hicieron subir hoy las acciones de Clarín y los bonos dedeuda argentina.
La Argentina precisa que las tres grandes batallas de Kirchner contra el status quo en las quetriunfó discursivamente se terminen llevando a la práctica. Que se termine condenando a todos losex represores, que se reduzca la exclusión junto a la mejora de la redistribución de la renta y seconcrete la desconcentración de medios de comunicación. Ese será el verdadero servicio de NéstorKirchner a su país aunque fuera pos morten.




