Política

¿Fin del Apartheid global?

Miles de personas mueren anualmente tratando de ingresar al Primer Mundo. Los muros del siglo XXI.

13-10-2026 | 13:23

Después de los desastres causados por el apogeo del nacionalismo entre 1914 y 1944, al fin de lamás grande tragedia de la Historia, tres procesos históricos determinaron el comienzo del fin delos tres siglos en que la Modernidad se encarnó en naciones. El primero fue la creación de lasNaciones Unidas. El segundo, la progresiva construcción de la Unión Europea. El siguiente yconsecuente fue la caída del Muro de Berlín. Todos ellos implicaron la abolición de fronterasgeográficas, el fin del nacionalismo como paradigma indiscutible y la apertura de un camino haciala posible y cada vez más necesaria unidad política del planeta.

Millones de páginas se han escrito acerca del significado de aquella caída. Casi todas haninsistido en el fin de la tragedia comunista; muchas se han focalizado en la creación de un mercadoeconómico unificado; casi nadie ha destacado que el proceso de la demolición del Muro comenzó conla huida de miles de alemanes del Este a Hungría y Checoslovaquia como parte de su escape haciaOccidente, seguida por la negativa de Gorbachov a reprimirlos, la afluencia masiva al Muro porparte de los berlineses de ambos lados y el derribamiento definitivo de la frontera que dividía endos al planeta mediante una revuelta popular pacífica. Esa revuelta ha abierto la cuestión de laampliación a la escala global de uno de los primeros derechos de ciudadanía: el del libre tránsitoy residencia por el territorio. Esos fueron los signos políticos de la apertura de una Era Globalque sólo será tal cuando comprenda no sólo el derecho a la libre circulación de mercancías sinotambién de seres humanos.

Dos siglos después de la Declaración de los Derechos del Hombre no existe aún ningún derechohumano que merezca ese nombre. Las instituciones nacionales los han reducido a privilegiosdeterminados por “derechos” de sangre y de suelo determinados, a su vez, por lascircunstancias del nacimiento y consagradas por un Apartheid de escala planetaria. Este ordenjerárquico y antidemocrático es exactamente contrario al que pretendían instaurar las revolucionesburguesas que intentaron acabar con las prerrogativas de las castas aristocráticas yterratenientes. De allí que hoy, en una época definida por la movilidad, la gente vote con lospies, y la dirección de su movimiento se haya transformado en el mejor sismógrafo de la Modernidad.Las murallas construidas para detenerlas son aún más expresivas. En ese sentido, no fue la caídadel Muro de Berlín el acontecimiento que anticipó el resultado de la Guerra Fría sino su mismaconstrucción: un mundo que debía evitar que sus ciudadanos lo abandonaran edificando una murallamilitarizada estaba destinado al fracaso.

Desde la caída del Muro, hace ya 20 años, la globalización tecnológica y económica ha seguidoavanzando a ritmo frenético. Lo que resta es el cumplimiento de la promesas abiertas en 1989 en elplano político y de los Derechos Humanos. La cuestión inmigratoria se ha transformado así en un ejecrucial de la política mundial que define nuevas y vigorosas polaridades políticas globales. Nuevosmuros de Berlín, visibles e invisibles, existen en todos lados: casi un millón de personas por añointentan ingresar clandestinamente en el Primer Mundo y miles de ellas mueren en el intento.

Estas víctimas de un Apartheid global son sólo la parte visible de millones de seres humanosobligados a vivir indignamente y morir prematuramente por haber cometido el crimen de nacer en ellugar equivocado.

En una época global, el acceso equitativo a la movilidad espacial se transforma pues en unaprecondición del desarrollo de auténticos derechos universales, comunes e iguales para todos.Lamentablemente, tres décadas después que la Luna haya sido declarada Patrimonio Común de laHumanidad, nuestro planeta sigue sin ser considerado en esos términos. Los mismos estados que hanexpresado sus altas preocupaciones acerca de la Luna se consideran agentes imbuidos de legitimidadplena cuando se trata de evitar el acceso a su territorio a un extranjero. No por casualidad, sumanipulación de las fronteras territoriales recuerda la regulación de la circulación y laresidencia que ha sido la regla unánime en todos los regímenes totalitarios.

No habrá sociedad civil mundial digna de ese nombre si sus ciudadanos más vulnerables siguenviendo discriminados sus derechos por pasaportes y visas y continúan encerrados dentro defronteras. En este sentido, la batalla contra todos los muros de Berlín se ha transformado en unelemento central de las reivindicaciones democráticas globales.

(*) El autor es Diputado Nacional de la Coalición Cívica y autor de "Globalizar lademocracia".

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