Fontevecchia le responde a Timerman

El fundador de PERFIL escribe sobre el flamante canciller K.

24-08-2026 | 14:16

Cada vez hace más méritos para llegar a canciller”, me dije el jueves pasado cuandoleí la columna de Héctor Timerman (ver recuadro, página siguiente), dentro de la nota de tapa de larevista Veintitrés en la que estrambóticamente se me incluye en la trama de Papel Prensa por unreportaje al ex general Camps, donde el ex represor se refirió a los Graiver y la papelera que hoyes de Clarín, La Nación y el Estado nacional, publicado en la revista La Semana, de EditorialPerfil, en junio de 1983, mientras –nada menos– yo vivía en el exilio y a disposicióndel Poder Ejecutivo Nacional acusado de traición a la patria.

Pero no imaginé que lo lograría tan rápido y, al día siguiente, mi respuesta ya no estaríadirigida al embajador sino al canciller que devino. El mal de amores entre su predecesor, JorgeTaiana, y la Presidenta viene desde el comienzo de su mandato. El 15 de marzo de 2008 el títuloprincipal de la tapa de PERFIL decía: “Sin apoyo de Cristina, tambalea Taiana y AlbertoFernández copó la Cancillería”, cuando, previo a la crisis del campo, el puesto devicecanciller fue ocupado por un hombre del ex jefe de Gabinete.

Timerman, quien siempre se caracterizó por su devoción cristinista, trabajó con dedicación y paciencia para ser designadoministro. Primero llegó su ascenso de cónsul en Nueva York a embajador en Washington, junto con laasunción de Cristina en diciembre de 2007. Y cuando el Gobierno decidió concederle al Grupo Clarínel carácter de principal enemigo, Héctor Timerman encontró en el papel de ariete antimedios sucamino al estrellato. Cumpliendo el alineamiento acrítico con los deseos de los Kirchner, se metióen todo lo que pudo: Papel Prensa, la filiación de los hijos adoptivos de la dueña de Clarín, laLey de Medios y la participación del periodismo durante la dictadura.

Fue una posición extraña para un embajador en Estados Unidos, que en lugar de concentrarse ensus importantes tareas en Washington, se dedicó más a ser vocero de la política de comunicaciónoficial que el propio subsecretario de Medios, Gabriel Mariotto.

Si a Timerman lo hubiera guiado su condición de periodista a participar más activamente en eltema, habría hecho un gran aporte ayudando al kirchnerismo a no ser tan brutal y obvio. Pero elmatrimonio presidencial eyecta a los funcionarios que entienden la lealtad como la responsabilidadde alertar a sus superiores de sus errores. Y Timerman parece comprender perfectamente la lógicaoficial, donde no importa que la materia que se amasa sea falsa mientras resulte útil. Y en estecaso, el mejor ejemplo está dentro de nuestra casa.

Héctor Timerman fue columnista de la revista Noticias –la continuadora de la revista LaSemana, denunciada por él– durante un lustro: de 1999 hasta 2004 (en junio de ese año fuenombrado cónsul en Nueva York). En su currículum frente al Departamento de Estado de los EstadosUnidos colocó: “Column writer for Noticias magazine” (ver www.embassyofargentina.us)como último trabajo.

No se entiende cómo el hoy canciller pudo escribir durante tantos años, y encima lo destaca, enuna publicación de Editorial Perfil si, como dice en su columna de la revista Veintitrés, en“sus revistas la apología del genocidio llegó hasta el final, aun más que la de cualquierotro medio”.

Tampoco se entiende, si se apoyó al genocidio hasta el fin, por qué la dictadura habría ordenadomi propia detención; habría tenido que vivir asilado en una embajada; por qué el gobierno de esepaís me concedería estatus y visa de perseguido político, y luego tuviera que vivir en elexilio.

Tampoco se entiende por qué si la revista La Semana era funcional a los represores –comodice Timerman, “aun más que cualquier otro medio”–, fue clausurada por ladictadura en 1982 y pudo volver a publicarse los últimos once meses previos a la llegada de lademocracia y sólo después de que la Corte Suprema obligara al gobierno a reabrirla, lo que comocastigo sustituto derivó en que el Poder Ejecutivo dispusiera entonces mi detención.

Si antes de acusarme de “último alcahuete de Ramón Camps” (diplomatiquísimo)Timerman se hubiera tomado el trabajo de leer los archivos periodísticos, habría encontrado variasveces publicado que fue precisamente Camps quien durante la Guerra de Malvinas me citó en el EstadoMayor Conjunto en nombre de las tres fuerzas armadas para decirme: “No existe una flotainglesa con cuarenta barcos que zarpó de Londres como publicó La Semana. Y usted, jovencito (porentonces yo tenía cinco años más que los conscriptos), es un idiota útil de los norteamericanos ylo vamos a fusilar por traición a la patria. No ahora sino cuando ganemos la guerra, porque todasestas balas (con gesto hacia la pistola que tenía sobre el escritorio) las usaremos para mataringleses”. Meses después de terminada la guerra clausuran La Semana por haber publicado laprimera nota sobre Astiz, y poco después ordenan mi detención con los mismos argumentos de Camps:“Traición a la patria”.

Preferiría no tener que seguir repitiendo estas historias ni recordar mi paso –cuatro añosantes– por el centro clandestino de detención El Olimpo, ya publicado varias veces y antes deque el kirchnerismo llegara al gobierno. Pero la pretensión de reescribir algunas historias,sesgando fragmentos para generar exactamente una idea contraria a lo que fue, obliga a repetir lostestimonios.

La campaña de comunicación de un medio que más premios internacionales a la creatividad ganó fuela del diario Folha de São Paulo, que decía más o menos así: “Construyó miles de escuelas,aumentó más que nadie en la historia de su país el producto bruto, bajó la inflación de mil porciento a cero, también redujo la mortalidad infantil a cero... (pausa): Adolf Hitler”. Y lacampaña del diario concluía diciendo: “Decir parte de la verdad también es mentir”.

Contraargumentos. Específicamente sobre la crítica a La Semana por el reportaje a Camps,faltaría decir que:

Se critica la extensión de la nota, pero la mayor parte del espacio no la ocupa el reportajesino el extracto del libro de Camps, que fue uno de los libros políticos más leídos de ese año comotambién lo fueron en Alemania ese mismo año las memorias apócrifas de Hitler. El interés del lectorno es sólo sobre las buenas personas, y la propia La Semana aclaró que la publicación del anticipo“no convalida lo que afirma el general Camps”.

Si el solo hecho de publicar implicara compartir, lo que no es cierto, se omitió en la acusacióna La Semana decir que en esa misma edición y tras el reportaje a Camps (páginas 6 a 11), se publicala marcha de Madres de Plaza de Mayo en Nueva York (páginas 12 a 13), como único medio argentinopresente en los actos de la Semana Internacional del Detenido/Desaparecido. Y dando vuelta lapágina comienza un reportaje a Serrat (páginas 14 a 17) donde aparece como frase destacada:“Decir que el exilio es duro es simplificar absolutamente las cosas. El exilio es una de lastragedias peores que le pueden ocurrir a un ser humano. Corta con todos los nutrientes vitales, tecambia constantes, te pone al revés”.

También en esa misma edición de Camps y con la misma cantidad de páginas que el reportaje aCamps, aparece una entrevista a Magdalena Ruiz Guiñazú denunciando las amenazas de muerte queestaba recibiendo. Más adelante hubo espacio para otro miembro de la Conadep: Ernesto Sabato,cuatro páginas. Y finalmente, con la misma cantidad de páginas del reportaje a Camps, se publicótambién en esa edición del 2 de junio de 1983 un extenso reportaje a Antonio Cafiero, por entoncesel candidato del peronismo.

Y respecto de lo que Héctor Timerman dice de mí:

Ninguno de los méritos anteriores por publicar notas molestas a la dictadura en junio de 1983 mecorresponderían porque en esa fecha yo no estaba en Nueva York, y ni siquiera con la posibilidad decontar con un teléfono, sino en la selva nicaragüense con el ejército sandinista. Junto alfotógrafo Rudy Hanak pasamos muchos días en Nicaragua haciendo una amplia nota que ocupó–pocas ediciones después– 18 páginas de La Semana, que incluía desde una entrevista almítico Ernesto Cardenal, el ideólogo de la revolución hablando de Malvinas y los futuros juicios alos militares, pasando por la estadía en las trincheras de frontera donde se enfrentaba a loscontras bajo el fuego continuo de las Kalashnikov AK-47.

Desde su perspectiva, tiene razón Héctor Timerman en que durante el exilio yo “estabaansioso por volver al país” y en mi almuerzo en Nueva York con su padre –Jacobo–mis comentarios “no coincidían con el habitual diálogo entre tres exiliados” y“sólo quería hablar de negocios (sic)”. Yo sólo quería hablar de revistas, de diarios,de redacciones, de periodismo. Y me entendía muy bien con su padre, que estaba con idéntica pasiónplaneando su regreso a la Argentina, tras las inminentes elecciones y el eventual relanzamiento deLa Opinión o algo que lo sustituyera. Finalmente dirigió el diario La Razón, y durante ese períodome invitó a su redacción y yo a la de Perfil. Con Jacobo Timerman nos unía una pasión que hacíadesaparecer las diferencias generacionales. Jacobo fue el primero en llamar para felicitarme cuandola Universidad de Columbia me premió casualmente “por la lucha a favor de la democracia y contra la dictadura”, elmismo premio que él había recibido años antes. Y cuando el diario PERFIL fue lanzado en 1998 hizola crítica más elogiosa posible: “El lanzamiento de PERFIL –escribió Timerman– esuna verdadera hazaña. Una verdadera victoria para la profesión de periodista”.

Por último, en ese mismo mes de junio de 1983, La Semana publicó una extensa nota sobre lafilmación en Nueva York de la versión cinematográfica del libro de Jacobo Timerman Preso sinnombre, celda sin número. Obviamente, cuando su libro se editó en español, La Semana tambiénpublicó un extracto y le dedicó al querido Jacobo muchas, pero muchas, muchísimas más páginas queal tristemente célebre ex general Camps.

Qué lástima que un ex columnista de la revista Noticias tenga tan mala memoria.Ojalá que, ya siendo canciller, se recomponga.

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