Néstor Kirchner lo supo antes que nadie. El martes 15, tres díasantes del fallo judicial que lo absolvió a él y a laPresidenta en la investigación por supuesto enriquecimiento ilícito, un informante coninfluencias en la Corte Suprema le dio la buena noticia: el cuerpo de peritos del máximo tribunalhabía determinado –en tiempo récord, apenas un mes– que su declaración jurada no teníaningún viso de ilegalidad. El informante de Kirchner no era otro que su contador, Víctor Alejandro Manzanares, que había participado –por másinsólito que parezca– del peritaje judicial.
Por esas mismas horas convocaron a un importante miembro de laCorte a la Quinta de Olivos y enviaron un auto a recogerlo. El juez, consultado por esta revista,desmiente haber ido a la residencia, pero dos funcionarios confiables aseguran haberlo visto allí.No se conocen las precisiones de su conversación con Kirchner, pero lo cierto es que el expresidente estaba ávido de detalles tras enterarse de su sobreseimiento inminente. Y se preguntabaen voz alta cómo reaccionaría la Corte si Kirchner y su esposa terminaban absueltos. ¿ El máximo tribunal podría convertirse en la instancia final de ese expediente anteuna serie de apelaciones? El juez escuchaba. Y Kirchner se felicitaba por su triunfo en laJusticia. Los contadores que lo habían encontrado inocente merecían su aplauso. “¿Y ahora quévan a decir? ¿Que los de la Corte son míos?”, se ufanó.
Lo que siguió es historia conocida. El viernes 18, el juez federalNorberto Oyarbide redactó el polémico fallo absolutorio que recién se hizo público el lunessiguiente, en vísperas de la Navidad y al filo de la feria judicial. Según el magistrado, elllamativo incremento del patrimonio de los Kirchner – que pasó de 2.239.515 pesos en el 2002 a46.036.711 en su última rendición de cuentas, es decir, 21 veces más– no tiene nada deilegítimo. El fallo se basaba, decía, en la “contundencia” del informe de los peritosde la Corte, aunque no entraba en detalles.
La decisión conmocionó al ambiente político, hizo que la oposición amenazara con un posible juiciopolítico a Oyarbide y le alegró las fiestas al matrimonio presidencial. Al cierre de estaedición, el fiscal de la causa, Eduardo Taiano, no había apelado la medida ante la CámaraFederal.
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