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Como era absolutamente previsible en caso de una derrota, los sindicalistas oficialistas, y más específicamente Hugo Moyano, buscan alejarse de las olas del maremoto electoral.

23-08-2026 | 01:32

Como era absolutamente previsible en caso de una derrota, los sindicalistas oficialistas, y másespecíficamente Hugo Moyano, buscan alejarse de las olas del maremoto electoral. No es tarea fácil,después de tanto tiempo de alianza en la que todo pareció ser un lecho de rosas para losgremialistas que abrazaron sin hesitar al kirchnerismo y el Gobierno que los cobijó, prodigándosemutuos beneficios.

El titular de la CGT y líder de los camioneros salió enseguida a decir que la forma de"conducir" fue la causa de la debacle del oficialismo en los comicios del 28 de junio, sin ir muchomás allá.

En su declaración sin anestesia quedaron afuera de su consideración otros posibles motivos, comola crisis económica, la inflación, la pobreza y otros problemas de característica cuasiestructural.

Trascartón, el sindicato camionero, con el hijo de Moyano –Pablo- a la cabeza, retomó laspresiones por un aumento salarial para el sector, en una actitud que de manera espectacularmentevisible contrasta con la moderación presentada antes de las elecciones.
Incluso las pretensiones de aumento que trascendieron son notoriamente superiores alporcentaje inducido por la misma alianza Gobierno-"moyanismo" para el período 2009.

Hasta ahora la inmensa mayoría de los sindicatos realizaron acuerdos por tramos cortos y porsumas fijas, con el compromiso de completar el ciclo en el segundo semestre, pero por valores quese estimaban, a priori, en alrededor de 15 por ciento.
Ahora se supo que los camioneros de Moyano reclaman alrededor de 25 por ciento y amenazancon fuertes protestas en caso de no ser escuchados.

En caso de llegar a esa instancia, sería prácticamente la primera organización de peso quedecide romper la tregua preelectoral, paradójicamente la que más bregó para que no hubieraconflicto en el tramo hacia las legislativas.

Además, Moyano tiene motivos adicionales para mostrar las garras. Por caso, su prescindencia ala hora de la renovación en el Ministerio de Salud y en la Secretaría de Transportes, dos reductosdonde el gremialismo, y sobre todo él, tienen especial interés.
Esa marginación no fue voluntaria, sino decisión del Gobierno. El malestar de Moyanoseguramente se ve aumentado por el hecho de que fue quien más bregó por la salida de Graciela Ocañade la cartera sanitaria. Aunque esa partida se vio acelerada también por los acontecimientosrelacionados con la gripe, de manera tal que no puede adjudicarse todo el crédito.

Encima en ese ministerio por ahora sigue en la Superintendencia de Salud (el organismo que tieneinjerencia sobre los fondos de las obras sociales) su ex aliado Juan Rinaldi, quien junto con Ocañase habían "sentado" sobre los suculentos fondos que debían reintegrarse a los entes de saludsindicales.

En cuanto a Transporte, el reemplazante de Ricardo Jaime no tiene nada que ver con Moyano, eincluso trascendió que no se sabe si el poderoso gremialista seguirá contando con aliados en laslíneas intermedias en una cartera con la cual hasta ahora se movió armoniosamente, al compás deacuerdos mutuos y de la danza de los subsidios.

Pero las tribulaciones del camionero y del sector de la CGT que siempre se encolumnó detrás suyono están relacionadas sólo con el vínculo con el Gobierno al que se abrazaron apasionadamente, sinotambién con la interna sindical que podía volver a estallar si el resultado electoral eradesfavorable para el Gobierno.

Ahora todos le pasan facturas a Moyano, y algunos que lograron hacer equilibrio entre eloficialismo y la supuesta "independencia" ya están trasponiendo la línea hacia el otro campo sinsiquiera ruborizarse.

Obviamente, son los mismos que se regodearon con las fotos y los beneficios presidenciales acambio de apoyos incondicionales. De todas maneras, la actitud no puede sorprender. Con un simpleejercicio de memoria, cabe recordar, por ejemplo, a aquellos que hace más de dos décadas eran los"jóvenes brillantes" de Saúl Ubaldini, se transformaron en discípulos fieles e incluso arquitectosdel menemismo y, después de acomodarse en el carro de las administraciones posteriores, se subierona las cuadrigas kirchneristas de las que ahora buscan apearse.

Además, los detractores de Moyano tienen en su alforja una factura especial: haber sidoignorados por el camionero a la hora de colocar a los candidatos a diputados sindicales. Elcamionero impuso a Héctor Recalde (igualmente era un número puesto con consenso de todos lossectores para la reelección) y a Omar Plaini (vendedores de diarios). Ambos jurarán como diputadosel 10 de diciembre, ya que el dirigente de los canillitas quedó a las puertas del Parlamento trasel conteo de votos, pero se aseguró el ingreso después de que el candidato testimonial DanielScioli anunciara que seguirá ejerciendo la gobernación bonaerense.
Encima hay otros dirigentes que se alejaron transitoriamente de Moyano, como el ruralGerónimo Venegas, quienes también se suman a los embates, envalentonados por su performance. Es queel dirigente de UATRE apostó a Francisco De Narváez y también logró colocar diputados, como porejemplo Claudia Rucci, la hija del asesinado dirigente metalúrgico y de la CGT José IgnacioRucci.

No obstante, la historia gremial muestra que no está dicha la última palabra hasta que quedaescrita con tinta indeleble. Y en la misma sintonía, no será la primera vez que se borra con elcodo lo que se escribió con la mano. Especialmente cuando todos –literalmente- los que lerindieron pleitesía a Moyano, incluso aquellos que por peso propio podrían mantener prudentedistancia, como los “gordos” y los autodenominados “independientes”,gozaron del usufructo de la alianza del Gobierno y el dirigente Moyano, quien les facilitó elacceso a los despachos oficiales pisando la alfombra roja incluso a aquellos que tenían el ingresovedado de antemano.

Los días por venir mostrarán hasta dónde llegan las fuerzas de cada uno, tanto de los que losque atacan como de los que resisten. Seguramente pondrán también en la mesa los dos años y medioque restan de Gobierno kirchnerista, que no es poco, sobre todo cuando aún hay respuestaspendientes a varias de sus demandas, como por ejemplo lo dicho sobre las obras sociales, lasasignaciones familiares u otros rubros en las cuales tiene injerencia la administración.

Todo el mundo sabe que infinidad de veces ha ocurrido que las peleas intestinas del sindicalismoaparecen como el Sol de cada día, y más cuando se opaca la estrella de alguno. Pero además es hartoconocido que, así como son expertos en decretar transitoriamente el fin de la obediencia debida yacelerar, también son duchos en bajar cambios o poner el pie en el freno cuando corren el riesgo deembestir a sus propios intereses.

(*) Agencia DYN

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