La hipocresía y la impunidad del "Tío Alberto", por Milcíades Peña

El ex diputado cuenta las situaciones de presunto espionaje que le tocó vivir mientras investigaba las responsabilidades por la tragedia de Cromañón.

23-08-2026 | 07:21

Gitano o Payo pudo ser

o un aristócrata que ayer

perdió su cetro de oro y su corona.

camina sobre el bien y el mal,

con la cadencia de su vals,

mitad juicio y mitad mueca burlona.

Tío Alberto...

tío Alberto,

cató de todos los vinos,

anduvo por mil caminos

y atracó de puerto en puerto.

Entre la ruina y la riqueza

entre mentiras y promesas,

aún sabe sonreír.

Tío Alberto."

De pronto, un día, el celular comenzó a devolver el eco del eco de mi voz.

Otro día, no sin vértigo, me encontré escuchando en mi teléfono la reproducción deconversaciones que había mantenido. Extraños ruidos. Comunicaciones cortadas.

Apagar los celulares y quitarles las baterías, era una rutina indispensable para intentarcharlar con cierta confidencialidad. Recibir fotos mías manteniendo charlas con distintas personassin que yo las hubiera encargado. Autos siguiéndome a mí o a mis asesores. Terminar deescribir un discurso planteando interrogantes a un funcionario a punto de ser interpelado 15minutos antes de darlo, y descubrir que el cuestionado ya lo tenía en su poder. Entregar unartículo periodístico para una revista y recibir las estridentes y llorosas advertencias de una,entonces, Senadora nacional por la Capital, mucho antes que la publicación viera la luz. Ver eltexto de un informe acerca de la injerencia de un Ministro de la Nación para permitir habilitar unestadio de fútbol que no estaba en condiciones de ser habilitado, redactado en una computadora demi despacho cinco minutos después de terminado en un fax recibido en otro despacho de laLegislatura, a 2 pisos de distancia. La verificación, luego de la denuncia realizada por unlegislador del oficialismo nacional, de las masivas escuchas telefónicas en la Legislatura de laCiudad. La infame y falsa denuncia realizada contra Enrique Olivera en los díasprevios a la elección de 2005. La utilización de los mismos actores y circuitos periodísticos parala inmoral y aberrante denuncia contra el Abogado José Iglesias, acusando a su hijofallecido de haber prendido la bengala en Cromañón. La repugnante compra de dirigentes políticosque llevó a crear el verbo”borocotizar”.El extraño asalto que sufrí en mi domicilio,donde ataron y encerraron a dos de mis hijos, en aquel entonces de 3 y 8 años. El despido detrabajadores cercanos a mí, aunque no militaran conmigo.

Todas estas son algunas de las situaciones que me tocaron vivir mientras llevaba adelantela investigación para dilucidar las responsabilidades políticas que posibilitaron la tragediade Cromañón.

Recuerdo que en ese tiempo, año 2005, había más de un Ministro Nacional, deapellido Fernández, pero a uno solían llamarlo "Tío Alberto".

La hipocresía y la impunidad, me revuelven las tripas.

Y algunos personajes, me dan náuseas.

(*) ex diputado de la Ciudad de Buenos Aires.

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