Los intendentes fueron piezas clave de la gestión kirchnerista. Pero en los últimos meses variosde ellos se vieron involucrados en casos de corrupción o escándalos que los obligaron a renunciar opor los que fueron destituidos. Los casos más próximos fueron los del intendente deTartagal, Salta, Sergio Napoleón Leavy; la jefa comunal de la localidad de San José, Catamarca,Deolinda Mónica Hernández; y el mandatario de Balcarce, José Luis Pérez.
Uno afuera, la otra encerrada. Leavy hizo lo imposible para evitar la destitución en sucontra. No lo logró. Ayer, el Concejo Deliberante lo apartó de su cargo acusándolo de malversacionde fondos, mal desempeño y enriquecimiento ilícto. El "Oso" llegó a la intendencia de la mano del kirchnerismo, aunque hace unosmeses el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, le quitó su apoyo.
Por su parte, Deolinda Hernández, de San José, no quiso saber nada acerca de una destitución.Por eso se atrincheró en su despacho después de que el Concejo Deliberante la acusara de supuestas irregularidades en el manejo de fondos públicos y la suspendiera por 60días. Los concejales de aquella localidad la acusaron de no poder justificar gastos. Hernández eraaliada del sindicalista Luis Barrionuevo pero ahora está con el kirchnerismo.
A pesar de que la presidenta del Concejo, la catamarqueña Rosario Marcial, está lista paraasumir como intendenta interina, todavía no pudo hacerlo ya que Hernández no salió de su oficina.
El tercero plantea, en realidad, una jugada política. El caso de José Luis Pérez, por ahoraintendente de Balcarce, es particular. El mandatario presentó su renuncia el 19 de este mes enmedio de investigaciones de la oposición por administración fraudulenta. Pero Pérez aún no dejó el cargo, sino que anunció que se quedará hasta el 10 dediciembre, cuando se renueven los concejales. El objetivo: evitar el llamado a eleccionesanticipadas y de esta manera lograr que asuma en su reemplazo José Enrique Etcheverría, presidentede la legislatura local.
Radical K. En julio de este año, el intendente de la ciudad de Santiago delEstero, Julio Alegre, debió dejar el cargo. Las razón: denuncia de corrupción en el manejo defondos públicos. En una primera etapa de la investigación, se develó que diariamente se libraba uncheque por 5.000 pesos para justificar compras inexistentes de diversos artículos o pago deservicios no prestados. Allí aparecían empresas fantasmas, cuyos titulares eran empleados ocontratados por el municipio. El radical K respondía directamente al gobernador Gerardo Zamora.
Durante las elecciones legislativas dos fueron los intendentes que dijeron "basta". Elprimero de ellos, el mandatario de José C. Paz, Mario Ishii, había anticipado que si no obtenía untriunfo arrollador, dejaría su cargo. Luego fue en busca de "traidores". El mismo camino siguió elex intendente de Salto, al noroeste de Buenos Aires, Victorio Migliaro. Su lista del Frente Para la Victoria (FPV) perdió en manos deUnión Pro. A los pocos días, renunció.
Archivados. Además de estos últimos casos, durante varios años los escándalos de intendentesK llamaron la atención pública. El más resonante fue el de Roberto Porretti, ex jefe comunal de Pinamar, quien renunció acusado de extorsión,aunque luego fue sobreseído. Porretti logróluego volver al ruedo y en junio pasado ganó las elecciones legislativas en Pinamar, siendo electoconcejal.
En 2007 se dio un caso extraordinario. En la localidad de General Acha, el 10 de diciembre asumióel intendente Omar Avila. Pero en el cargo duró apenas unos días, ya que fue condenado por casos de corrupción. En 2006, Rodolfo Lopes, por entoncesintendente de Bahía Blanca, fue destituido acusado de irregularidades en fondos electorales.




