Julio De Vido fue uno de los hombres más poderosos del kirchnerismo: dirigió el Ministerio de Planificación Federal desde el primer día de la presidencia de Néstor Kirchner (25 de mayo de 2003) hasta el último de Cristina (10 de diciembre de 2015). Hoy ocupa una banca de diputado nacional del Frente Para la Victoria pero mantiene, siempre que puede, el más estricto bajo perfil. Razones no le faltan: mantiene un amplio número de causas judiciales en su contral.
La Oficina Anticorrupción (OA) tiene 21 causas donde querella o monitorea y que vinculan a De Vido con hechos de corrupción. La lista sorprende, ya que va desde la causa Skanska (evasión impositiva y pagos ilícitos), pasando por Belgrano Cargas (causa de oficio, donde también está denunciado Ricardo Jaime), hasta la compra de chatarra ferroviaria a España y Portugal (también denunciados Juan Pablo Schiavi y Manuel Vázquez, entre otros) y la ruta del dinero K (acusación con Lázaro Báez, Leonardo Fariña y Federico Elaskar, entre otros).
Todas las variantes. La causa por enriquecimiento ilícito que investiga el juez Luis Rodríguez apunta al exministro y a su esposa Alessandra Minnicelli. Allí, De Vido está imputado, lo mismo que en la ruta del Dinero K, donde la orden la pidió el fiscal Guillermo Marijuán.
La tragedia de Once, en la que ya fue condenado el exsecretario de Transporte Ricardo Jaime, lo tiene contra las cuerdas, donde está procesado por orden del juez Claudio Bonadío quien lo procesó por "supuesto coautor del delito".
De Vido también está denunciado en una causa contra Milagro Sala que comenzó la fiscalía de Estado de Jujuy, quien señaló que entregó fondos para obras que ya estaban terminadas. Está imputado por el fiscal Patricio Evers por la sospecha de sobreprecios en la obra pública de Santiago del Estero a partir del 2005.
Por último, una de las causas más difíciles que afronta el diputado es por la renegociación de contratos ferroviarios entre 2003 y 2012. La investigación tramita bajo el juzgado de Sebastián Ramos.




