El misterioso asesinato del puntero kirchnerista en Avellaneda es un laberinto deinterrogantes. “No podemos descartar nada. Lo único que está claro es que fue un crimen conribete mafioso y que el mensaje de esa muerte llegó al destinatario”, así cortó camino uno delos investigadores para no explayarse el largo sembrado de hipótesis que hay en la causa.
A Juan Giglio lo acribillaron el martes pasado en su oficina del primer piso del viejoedificio la avenida Mitre al 321, allí funcionaba la Asociación Civil Avellaneda Solidaria, la ONGque él presidía. En ese mismo lugar funcionaba la sede central del Frente para la Victoria. Elasesino lo conocía, discutió con él, luego le pegó cinco balazos con una pistola calibre 22, y antes de irse dejó sobre elescritorio un papel blanco adornado con coloridas letras recortadas de diarios que formaban unafrase temeraria: “Los que no tienen códigos terminan así”. En noviembre Giglio habíacumplido 59 años, ahora estaba sentado y muerto.
Al asesino no le hacía falta llevarse la cadena de oro ni los dos mil pesos que tenía Giglioen ese momento. El mensaje mafioso era su objetivo. “No te parece que lo podrían haber matadoen otro lado y no en lo que era la sede del FpV. No descartés nada”, dice el investigador queno deja de pensar hipótesis.
Un crimen con olor a interna política. Esa es una de las opciones que hay en ellistado de hipótesis. Pero hay otra: el dirigente K también trabajaba para la agrupación riverplatense Nuevos Dirigentes, conducida por DaríoSantilli –hijo del ex presidente de River Hugo Santilli y hermano del vicepresidente de laLegislatura porteña, Diego Santilli–. La tercera hipótesis traza una extraña línea que vadesde supuestas “deudas” que habría adquirido Gigli a través de su asociación y susconexiones políticas.
La nota completa, en la edición impresa del Diario Perfil .




