Néstor Kirchner sigue teniendo un arma letal para seducir a los gobernadores díscolos en su plan para mantenerse enel poder: la Caja. Sabe que las provincias necesitan del dinero fresco de la Nación paraafrontar los gastos y está dispuesto a presionarlos con tal de ganar su apoyo. El último en caer ensus garras fue el electo gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi. El radical, que tuvo el apoyo de su partido en las últimaselecciones, se reunió hace diez días con el ex presidente en la Quinta de Olivos y a la salidapidió la reelección K con más entusiasmo que muchos de los gobernadores del PJ: "Corrientesacompañará la candidatura de Néstor o Cristina" en el 2011, dijo. Como recompensa se llevó promesasde abundante obra pública y la ilusión de al fin cobrar las deudas que el Gobierno arrastra con suprovincia.
Pero Colombi no es el único gobernador que cambia de camiseta por las promesas de dinerofresco: la fueguina Fabiana Ríos, el cordobés Juan Schiaretti y el santafesino Hermes Binner se anotan en la lista.
En su arsenal para cooptar voluntades, Kirchner también tiene municiones más livianas, aunqueno menos efectivas. Se trata de cargos, favores y prebendas que reparte a discreción: en la lista de losbeneficiados se suman la flamante funcionaria María Del Carmen Alarcón y las diputadas Roxana Latorre y Dora Sánchez.
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