Todos los voceros del kirchnerismo están diciendo que está en marcha un intento muy claro deinstalar que el 28 de junio habrá fraude por parte del Gobierno sobre todo en la provincia deBuenos Aires, para que esa sensación convalide, por ejemplo, un gran cacelorazo desestabilizador,cuando el recuento demuestre que efectivamente ha ganado el oficialismo, "aunque sea por un voto".Le adjudican gran responsabilidad en la operación a todos los opositores y a buena parte de laprensa, a quien se le asigna el papel de ser la difusora no ingenua de las denuncias.
Sin embargo, hay quienes piensan que esta "contraoperación" de inteligencia para denunciar lasdenuncias es la verdadera operación, es decir que aquello que se proclama como algo que puedeocurrir, resulta la pantalla ideal para disimular de antemano lo que sí ocurrirá. Nada puededescartarse.
Tan peligroso juego, que ha comenzado efectivamente con las denuncias de Elisa Carrió,Francisco de Narváez y otros opositores sobre la posibilidad de faltante o cambio de boletas, elcopamiento de las mesas por militantes K o directamente la compra de voluntades para sumarlas alvoto cadena, es parte de la guerra comunicacional para instalar o desinstalar los temas de campaña,en la que hasta ahora viene ganando ampliamente el oficialismo.
La primera victoria del kirchnerismo fue siempre llevar la voz cantante sobre el eje central quepropuso para la discusión, el llamado "modelo", cuya paternidad se adjudica el matrimoniopresidencial, ya que durante seis años reforzó su poder. Ni Néstor ni Cristina de Kirchner nuncalograron que nadie se animara a discutirlo en la profundidad de sus conceptos de base, más allá delas críticas a su ejecución o las chicanas y denuncias que se hacen a diario sobre la transparenciade los actos de gobierno o a avasallamientos de la institucionalidad. Como el que calla, otorga,fue una constante percibir, durante la campaña, que los Kirchner iban por delante y que susadversarios sólo atinaban a salir más tarde para refutar apenas lo instrumental. Otra ventajacomunicacional que obtuvo el oficialismo tuvo que ver con la estrategia de instalar una campañanacional, en la cual las figuras de los candidatos suplantaran a las ideas para conseguir que laelección de bancas pasara a un segundo plano y debilitar así la posibilidad de los opositores demarcar como propuesta central una verdadera agenda legislativa en común, un compromiso que quizásesta semana pueda concretarse, si algunos personajes dejan de lado los personalismos y se avienen asacarse juntos una foto, aunque no haya sonrisas.
De allí, la jugada que se inventó en Olivos para avanzar con las candidaturas testimoniales yhasta la manera de presentar ante la opinión pública las listas, cual si fuera una fórmulapresidencial, como método de generar la idea de que la elección tiene características épicas, casicomo un referéndum gaullista. La apuesta del discurso oficial se centra en que, aunque se ledebiliten las mayorías en el Congreso, las tapas de los diarios del día 29 sumen los votos que elkirchnerismo obtendrá en todo el país y que esa razón matemática le sirva al ex presidente paraproclamarse como ganador de las elecciones, lo que le daría chances objetivas de seguir manejandoel PJ y de aspirar a la elección de 2011.
La concepción maniqueísta del "nosotros o el caos", a la que los Kirchner tienen tanto apego,también hizo lo suyo en el manejo de los tiempos de campaña, para obligar a la oposición únicamentea la réplica. La acusación de querer volver al pasado, otra imposición del discurso oficial, fuesiempre una valla que los opositores no quisieron o no supieron vulnerar. El miedo a ser tildado de"noventista" fue para muchos un estigma que casi nadie se animó a afrontar desde el discurso,mientras se quedaron sólo en la chicana insípida de decir que Néstor apoyó a Carlos Menem o que erapeor volver a los años '70.
En este juego de acción y reacción propuesto por el matrimonio, la oposición entró por el arodurante casi toda la campaña y recién en los últimos días, Mauricio Macri se sacudió algo susculpas reprimidas e intentó marcar la cancha cuando hizo una referencia de fondo a la política deestatizaciones, centrada en el desmanejo de Aerolíneas Argentinas, empresa que le cuesta a losargentinos de toda condición social $ 150 por año, aunque no puedan viajar en avión.
El esbozo de crítica, que avanzó además en la propuesta de reprivatizar la compañía y que seamplió a la idea de retrotraer el pase al Estado de los ahorros jubilatorios de 9 millones depersonas, fue un cambio de tendencia en cuanto a la estrategia de instalar temas, ya que fuerespondido al unísono por los habitantes de Olivos, a contramano de lo que venía sucediendo hastaentonces, cuando eran ellos los que se sentaban a esperar las repercusiones. En este caso,inmediatamente también, los gremios aeronáuticos salieron a la calle a denostar a Macri, porque unintento de sacarle tamaño lastre a la comunidad es también un intento de borrarle a ellos losprivilegios que supieron conseguir.
La embestida del Jefe de Gobierno porteño sucedió dos semanas después de aquella ofensivaempresaria contra el Gobierno que generó la estatización venezolana de las empresas del GrupoTechint y se inscribe en la discusión que también los Kirchner dejaron picando durante buena partede la campaña, sobre el rol del Estado y las capacidades del mercado, que hasta ahora nadie tuvo laperegrina idea de discutir en serio.
En realidad, las referencias críticas de la oposición siempre sobrevuelan los espurios manejosestadísticos del INDEC, la misión de tapón de los mercados que tiene Guillermo Moreno, laburocracia de la ONCCA para controlar el comercio exterior, la designación de directores en lasempresas cuyas acciones posee la ANSeS o los misterios contables que hay por detrás de lascompañías que el Estado ha sabido conseguir o crear, como Enarsa o Lafsa. La propia Presidenta seha jugado más en poner sobre el tapete estos temas para polemizar, antes que los eventualesopositores, otro modo de marcar la agenda. Desde una tribuna, Cristina defendió en la semana "elmodelo de Estado participativo que tiene el país" y sibilinamente dijo que "quienes dicen que elEstado sólo debe ocuparse de la salud, la seguridad y la educación, lo hacen porque quieren queotros manejen la economía".
Mientras tanto, Néstor no dejó pasar la oportunidad de sumar un aliado de peso a su causa, yaque recordó que "lo que hace falta no es ni un capitalismo de Estado ni un mercado que actúe solo.Se necesita un Estado que articule lo público con lo privado, como dice Obama", dijo hace un par dedías el candidato en Campana, en relación a una parte de un reciente discurso del presidente de losEstados Unidos.
La otra mitad de la opinión de Barack Obama, que Kirchner omitió prolijamente porque desencajabasus argumentos, hay que buscarla en otros párrafos de la misma alocución cuando el estadounidenseseñaló que "el libre mercado ha sido y seguirá siendo el motor del progreso de los EE.UU.", altiempo en que insistió en que los empresarios son "más eficaces" que los gobiernos, a la hora decrear trabajos y dijo también que el papel del Estado "no es el de reprimir a los mercados", sinoel de dar "rienda suelta a su creatividad e innovación".
Está claro que ningún político argentino se animó a contestarle al ex presidente con esta partedel manifiesto de Obama, lo que hubiera servido para enmarcar la discusión de fondo sobre el roldel capitalismo global, pese al cimbronazo que le produjo al mundo la economía estadounidense,situación que el Gobierno utiliza para hacerla responsable de los males que sufre la economíalocal.
Sin embargo, a una semana de las elecciones, lo que se palpa en esa materia en la Argentina sontímidas señales de recuperación del proceso de declinación que comenzó mucho antes de la debacleestadounidense, en tiempo de la pelea con el campo por el nivel de retenciones. Hoy existen, anivel de las empresas y de los ciudadanos grandes dosis de incertidumbre que han inhibido lainversión y el consumo, sobre todo porque se hacen cálculos sobre la economía que viene, en funciónde los resultados electorales. No será lo mismo el día después, dicen los expertos, un Kirchnerganador por 2 puntos que por 10 en la provincia de Buenos Aires, ni mucho menos si pierde, sea porlo que fuere.
Los excéntricos números que se empeña en mostrar el INDEC describen un país que no entró aúntécnicamente en recesión, que tiene inflación de un dígito y que, por lo tanto, no genera ni másdesempleados ni más pobres. Los analistas privados hablan de deterioro productivo para todo el añode entre 3 y 6 por ciento, inflación de dos dígitos, desempleo oculto y valores de pobrezasuperiores a los de 2003, cuando Néstor Kirchner llegó a la Casa Rosada.
Otros números oficiales conocidos el viernes no pudieron esconder el deterioro violento delsuperávit fiscal (-85%) porque los gastos siguen viento en popa, mientras que se admite que, de noser por los fondos previsionales, se habría perdido del todo el superávit primario. Además, la bajade las importaciones (-49%) deja para lo que va de 2009 un superávit comercial mayor al de 2008,aunque marca claramente el deterioro productivo. Y además, cosa rara a una semana de laselecciones, se difundieron los números que convalidan que continúa la fuga de capitales, aunque senota que se viene desacelerando, lo que lleva la sangría a cerca de U$S 40 mil millones, durantelos dos últimos años y medio.
Es obvio que, salvo referencias laterales y explicaciones amañadas, ni Cristina ni Néstor hanhablado de estos temas en la campaña, pero tampoco la oposición ha sabido cuestionar confundamentos tantas adversidades. La falta de una puntual discusión sobre la agenda económica podríaconsiderarse, también desde lo comunicacional, como otro logro de los Kirchner aunque, a sólo ochodías del 29-J y por el costo que pueden llegar a pagar, se trata de una autoherencia que deberántragar sí o sí, a modo de píldora, pero impregnada en veneno.
(*) Agencia DYN







