El actual modelo sindical ha demostrado ser, en palabras de Marcos Novaro, "la criatura másimperecedera del peronismo histórico" y el mejor apoyo para un gobierno empeñado en sostenerpolíticas oportunistas. De allí que la fuerte alianza que vincula a Hugo Moyano con el matrimoniopresidencial -y el abandono prematuro de la transversalidad para refugiarse en las estructuras depoder tradicional del peronismo- sean consecuencia de hacer de la necesidad, virtud.
Conservar las estructuras de poder corporativo tradicional es justamente el rasgo quecaracteriza a los gobiernos conservadores.
No debe extrañar que en el contexto de un gobierno conservador, sea la Corte Suprema lapunta de lanza del movimiento reformista. Una sociedad ganada por la presencia de gruposcorporativos que medran alrededor de un Poder Ejecutivo que se muestra incapaz de emprender unproceso de modernización, alienta las iniciativas reformistas de otros "contra poderes".
Por consiguiente, las resoluciones de la Corte dirigidas a romper con los moldes de un modelocerrado que pone trabas a la pluralidad sindical y vulnera los tratados internacionales de libertadsindical firmados por la Argentina, buscan sustituir la letal inoperancia del Ejecutivo.
Salvo en autocracias de raíz comunista, como en China, Cuba y Corea del Norte, no existe ya enningún país del mundo una legislación sindical que imponga la presencia de un sindicato único porrama de industria como en la Argentina.
Como es sabido, en este peculiar modelo, los sindicatos que gozan de "personería gremial" -esdecir han sido santificados por el Estado- pueden presentar a sus afiliados como candidatos adelegados sindicales con derecho a estabilidad, exigir la retención de las cuotas sindicales a losempresarios y representar a los trabajadores en las negociaciones que dan lugar a los convenioscolectivos de trabajo. El otro enorme privilegio que reciben los sindicatos "autorizados" es laposibilidad de ejercer el control sobre los cuantiosos fondos que provienen de las retenciones alos salarios y aportes patronales con destino a las obras sociales.
La posesión de la llave de ese inmenso tesoro explica el inusual fenómeno del súbitoenriquecimiento de tantos inefables dirigentes sindicales. También la presencia de consagradasmafias de los medicamentos, que amparadas en los turbios negocios de los responsables de las obrassociales, terminan en la cruel entrega de medicamentos adulterados a enfermos terminales.
Una de las manifestaciones más elocuentes de incoherencia política en la que aun sedesenvuelve la Argentina consiste en que grupos que proclaman la defensa del rol del Estado, sonluego los que con su práctica concreta boicotean los servicios esenciales que debe prestar eseEstado, es decir salud y educación.
Manteniendo los feudos de las obras sociales, las burocracias sindicales son las que impiden laconformación de un sistema universal, racional e igualitario de salud. Y los sindicatos docentes,con su política de huelgas salvajes, empujan a los padres a buscar en la enseñanza privada lo quela escuela pública ya ha dejado de suministrar: continuidad y eficacia en la prestación delservicio.
Como señala Novaro, la interesada o forzada negligencia del Ejecutivo no significa que laestructura sindical, incluidas las obras sociales, sean imposibles de reformar, sino que parahacerlo "se necesita una coalición de votantes e intereses auténticamente reformista y norestauradora como ha sido desde un comienzo la etapa kirchnerista".
De allí, que los sectores que supuestamente desde la izquierda apoyan a este gobiernoconservador, como los intelectuales oficialistas de "Carta Abierta", tienen ahora una excelenteocasión para poner de manifiesto su coherencia ideológica, apoyando con vehemencia la concesión depersonería gremial a la CTA.
El fracaso de un modelo sindical cerrado y burocrático está dado por la escasa presencia derepresentantes sindicales en el ámbito privado, donde más de 85 % de las empresas carecen decualquier tipo de representación.
Por otro lado, alrededor de 45% de la masa laboral está fuera de la economía formal, de modo quelos trabajadores se encuentran en el peor de los mundos: o carecen de representación o sonrepresentados por burocracias corporativas que se perpetúan indefinidamente en el disfrute de susposiciones de privilegio.
Plantarse frente a este molde anacrónico y adulterado debería ser una de las irrenunciablesseñas de identidad de una izquierda auténtica, comprometida con llevar la democracia también alterreno sindical.
(*) Agencia DYN






