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Los Pomar, víctimas de un país trucho

Fracaso policial, ineficiencia política y un Estado desesperado por cubrir su propia negligencia.

07-10-2026 | 01:36

La aparición de los cuerpos de la familia Pomar, 24 días después de su “misteriosadesaparición” deja al descubierto la peor de las hipótesis jamás imaginada: un Estado queconspira para cubrir su propia negligencia. Que los cadáveres de Fernando Pomar, Gabriela Viagrán-quien habría tenido un lapso de sobrevida después del choque- y de sus hijas Candelaria y Pilarfueran descubiertos, el martes 8, a 20 metros de la Ruta 31 en lo que se presume fue un accidentede tránsito, pone en evidencia, por lo menos, la más básica ineficacia de policías y funcionariosque no pudieron siquiera seguir la pista más lógica, obvia y primaria. Y pone la lupa sobre laArgentina trucha, en la que nada resulta creíble y cualquier versión, hasta la más burda, puede serpeligrosamente verosímil.

Si durante un mes el Estado no pudo encontrar un auto volcado a la vera de la ruta señalada porla familia como la más probable, ¿se puede esperar el esclarecimiento de la causa AMIA, delValijagate o del caso Skanska? ¿Qué se debe esperar sobre el destino que tuvo el desaparecido JorgeJulio López cuya causa, al igual que la de los Pomar, estuvo plagada de impericias policiales yjudiciales, y de pérdida de tiempo vital siguiendo el rastro de videntes y parapsicólogos? ¿Cómoevitar que los padres de Sofía Herrera, desaparecida en Río Grande hace 15 meses, se estremezcanahora pensando que la nena no fue buscada correctamente? ¿Puede el gobernador Daniel Scioli repetirhasta el hartazgo su intención de luchar contra el narcotráfico si su propia policía, sospechadacuanto menos de cómplice en los negocios más funestos, no puede hacer un simple rastrillaje a lavera de una ruta? ¿Puede un ministro de Seguridad como Stornelli tener autoridad para seguir en sucargo cuando se desdijo en horas, fogoneó las peores versiones sobre la vida privada de lasvíctimas y defendió a la Policía hasta horas antes de echar a sus jefes? En una Argentina trucha,sí.

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