Lidia Papaleo (66) llegó una tarde al segundo piso de la Secretaría de Industria,visiblemente conmovida. Se sentó frente a Guillermo Moreno y, casi sin hablar, buscó con sus manosen la cartera que tenía sobre su falda. Entonces, sacó una foto color sepia y la puso sobre elescritorio del despacho del funcionario más aborrecido y leal que tienen los Kirchner. La imagen ladevolvía a un momento muy distinto de su vida, cuando era más feliz que nunca y el horror todavíano se dibujaba en el horizonte. Un desprevenido no hubiera reconocido a los protagonistas: unamujer joven y hermosa acompañada por un muchacho que hacía desentonar el traje inmaculado con suaspecto de hippie.
En la foto se veía a Lidia embarazada de su única hija, María Sol. A su lado, estaba su marido, David "Dudi" Graiver, el poderoso empresario que moriría en un sospechosoaccidente en agosto de 1976. Sonreían. "Yo quise traerlo hoy conmigo porque siento que él tambiénhubiera estado de acuerdo con esto que estamos haciendo", le dijo a Moreno.
A su lado, estaba su marido, David “Dudi” Graiver, el poderoso empresario quemoriría en un sospechoso accidente en agosto de 1976. Sonreían. “Yo quise traerlo hoy conmigoporque siento que él también hubiera estado de acuerdo con esto que estamos haciendo”, ledijo a Moreno. Habían pasado 36 años desde el momento en que alguien capturó ese instante de 1974,pero para ella la historia aún estaba inconclusa. La psicóloga que le dio al Gobierno la llave quepuede arrebatarle Papel Prensa a Clarín y a La Nación ya no tenía dudas.
Aparecidos. “Les voy a contar algo que muy poca gente sabe. Tenemos a laviuda de Graiver. Apareció: por primera vez habla y cuenta”. El secretario de Comercio de loscascos y los guantes de box anunció la apuesta del Gobierno, con innegable precisión, en abrilpasado en la sede del Sindicato de Canillitas. “Cuando se sepa la verdad de Papel Prensa vana perder la dignidad”, profetizó.
Era el inicio de un proceso que culminaría, cuatro meses más tarde, el martes 24 de agosto, conun relato de una hora y media de CFK que fue transmitido en cadena nacional desde la Casa Rosada.Como ya es costumbre, el Gobierno no se había topado en el camino de una embestida con losargumentos que necesitaba. Pero sobre todo, había encontrado al personaje clave: la mujer queguardaba todos los secretos de David Graiver, el anterior dueño de Papel Prensa. Una piedramovediza que abría la puerta de un pasado turbulento, en el que los proyectos políticos y lasdisputas económicas se superponían, en el que la traición se pagaba con la muerte y el terrorismode Estado legitimaba su accionar en aliuanza con los dueños de la palabra impresa.
Lidia Papaleo había guardado un cuidadoso silencio durante más de tres décadas y nunca habíuaapuntado a los grandes diarios por las presiones. Al contrario: en 1989, había firmado unasolicitada junto a Isidoro Graiver y a Juan Graiver -el hermano y padre de su ex marido- en la queresponsabilizaba a la organización Montoneros por los biene que le habían sido sustraídos. EN 1974,la guerrilla peronista le había entregado al banquero 17 millones de dólares, una parte del botínque había obtenido por el rescate de los hermanos Born.
¿Por qué no habló antes? ¿Qué hizo durante todos esos años? ¿Conocía los secretos de su marido oignoraba casi todo? ¿Qué piensa realmente?





