Seguí el caso de Marita Verón con casi la misma superficialidad informativa que la mayoría. Nunca accedí al expediente judicial ni escuché en profundidad a los testigos, acusados o denunciantes. En fin, puedo decir nada sobre la sentencia absolutoria, más que lamentar que la Justicia siga sin condenar a los culpables.
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Malditos jueces

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