El lunes pasado, cerca de las 19.15, en el cuarto piso de los tribunales de Comodoro Pylevantaron un teléfono de las oficinas del juzgado Federal número 7 –el de NorbertoOyarbide– y llamaron, doloridos, a las oficinas de Ministerio de Seguridad porteño paraavisar que “el gordo” finalmente iba a ser llamado a indagatoria.
Sus ex empleados, muchos de los que él mismo nombró cuando estaba a cargo de ese juzgado,querían que el ministro, su jefe durante tantos años, se entere por ellos antes de que le llegue lacitación judicial o trascienda en los medios.
Esa es la confianza que tienen algunos secretarios y empleados del juzgado que subrrogó NorbertoOyarbide con Guillermo Montenegro, que cuando el lunes se enteró de la pésima noticia, se encogióde hombros, frunció el ceño y se ocupó verbalmente de la madre de algún que otro magistrado. Le costódormir durante a la noche.
Pero al otro día sus propios funcionarios lo notaron diferente. Envalentonado. Es que, a partirdel martes a la mañana, el ministro comenzó a tejer junto con su jefe de Gabinete, Horacio“Toto” García, y sus subsecretarios, la estrategia judicial para encontrar un escape alpeor escenario: su procesamiento como encubridor en la causa por las escuchas.
Parte de las piezas empezaron a acomodarse cuando el miércoles tomó la decisión de contratar al estudio jurídico de su íntimo amigo Esteban Righi, procurador general de laNación. Todo un soldado K.
Qué mejor forma de mostrar los dientes ante la “familia judicial” que pidiéndole alestudio del jefe de los fiscales de la Nación que lo defienda ante ellos. Aún más cuando entre losabogados del estudio –Fabián Musso y Ana María García (la mujer de Righi)–, Montenegrotiene un soldado de extrema e íntima confianza: María José Labat, su propia mujer, con la que ayercumplió 18 años de casado.
Como un orfebre, Montenegro talla una filosa espada que ninguno de los demás acusados puededesenvainar: desde hace un mes, tres o cuatro funcionarios de su propio Ministerio –y de sumáxima confianza– analizan los detalles de la causa y hacen lobby en Tribunales. Algunos deellos, incluso, han visitado en varias oportunidades las oficinas del juzgado federal número 7.Estuvieron con secretarios y entraron a los abrazos.
“El gordo armó un fiscalía paralela con diez tipos que planean la estrategia paraenfrentar a Oyarbide, por eso ahora está tranquilo”, confía un funcionario de suextrema confianza que comparte con él las reuniones de Gabinete.
De forma paralela, Mauricio Macri, que también fue citado a Tribunales el próximo 28, nombróabogados –Santiago Feder y Ricardo Rosental– y pidió ayer postergar su declaraciónindagatoria porque en esa fecha tiene agendado un viaje a la India. Según explicaron fuentesjudiciales, le concederán la postergación siempre y cuando “no existiría elementos parasospechar su fuga y tampoco de que vaya a realizar maniobra que entorpezcan lainvestigación”.
Mientras Montenegro afila su espada, el Gobierno porteño ensaya con armamento que parece depapel. ¿Cuál es la estrategia para limpiar la imagen de Mauricio Macri y salvarlo ante un eventualprocesamiento? Responder a la las operaciones políticas más abrasivas mostrando una gestión prolijay eficiente. Algo que ni el más inexperimentado analista político cree que pueda funcionar.
“Estamos revisando y laburando sobre la causa y no hay nada que se pueda usar encontra del ministro”, dicen desde adentro del Ministerio de Seguridad. Pero sepreocupan: “La mala noticia es que sí existen elementos que pueden perjudicar aMauricio”.
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