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Ni el diálogo resultó tan amplio, ni la oposición tan generosa

29-09-2026 | 07:41

O nadie leyó bien el discurso presidencial del 9 de julio o los opositores fingieronentusiasmarse para no quedar en offside y catalogados como políticamente incorrectos, pero locierto es que las primeras impresiones sobre la propuesta de diálogo fueron de buenas para muybuenas. Cuando pasaron las horas y en el orejeo se le vio la pata a la sota, buena parte de elloscomenzó a zapatear porque nada parece que ahora será como lo suponía, lo que ha convertido a lapropuesta casi en un calco de lo que consideran es el manual kirchnerista del desapego a las reglasde juego.

Algunos dicen que se abstendrán y otros que concurrirán al convite, con lo cual eloficialismo acaba de ganar una segunda batalla, la de una eventual división del frente opositor. Laprimera fue la de retomar la iniciativa política, para volver a fijar la agenda.
Después de que se habían llenado la boca con las palabras "diálogo" y "consenso", ¿quién lepodría decir que no a una convocatoria presidencial que pivoteara sobre economía, democracia ysociedad? Y ante esa especulación muy cierta, Cristina Fernández hizo aquel día en Tucumán unapieza oratoria de alto vuelo, improvisada en las formas, pero friamente calculada en lo central.Más allá de las veladas advertencias que realizó la Presidenta sobre las nuevas formas de golpes deEstado y bien interpretada, la propuesta no dejaba dudas en cuanto hacia dónde iba, sobre todocuando recordó que ella era la responsable de la gestión.

En primer término, se impulsa la búsqueda de un diálogo económico y social de corporaciones, enlínea con la vieja práctica peronista de las tres patas (empresarios, sindicalistas y Estado) quesirva para aplanar los lobbies y para moderar pedidos sectoriales.

En este grupo, pese a que Cristina nombró al campo, deberían estar los dirigentes ruralistas quele inflingieron al Gobierno la dura derrota de la Resolución 125. Pero, hasta ahora, nada indicaque ocuparán un lugar en la mesa de las demandas.
Luego, en el marco de lo que se definió como un diálogo político generoso y sin límites, seabrió la invitación a todos los partidos con representación legislativa, pero para avanzar, enmedio de cierta anarquía de ideas, únicamente en una reforma electoral que había sido abandonada entiempos del kirchnerismo.

Hasta ahora, la oposición que cuenta, la que ganó las elecciones de junio, se queja de quetendrá vedado hablar de leyes económicas y de aportar sus propias propuestas en cuestionescentrales, ya que los compartimentos serían estancos. En este aspecto, los partidos disponen delarma legislativa para negociar y hacerse oír en temas de fondo, económicos y sociales, como va aocurrir, por ejemplo, con la renovación de la potestad del Ejecutivo de aplicar retenciones a lasexportaciones que vence y debería renovarse, entre otras cosas, el 24 de agosto, antes de llegar ala conformación de las nuevas Cámaras, en diciembre.
El oficialismo, mientras tanto, sigue ganando tiempo, aunque la dinámica de la crisiseconómica puede generarle nuevos y sucesivos sustos.

Si el nuevo ministro de Economía, Amado Boudou no logra recrear pronto la confianza paraconseguir fondos en pesos y en dólares y para que no se sigan fugando capitales, las inversionesque deberían ayudar a la creación de empleo seguirán sin aparecer, con lo cual la mesa de los tressectores volverá a ser, una vez más, una estupenda expresión de deseos.

(*) Agencia DYN

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