En la última semana, desde diferentes espacios y protagonistas, han partido dardos venenososcontra el periodismo. Algunos, como los que salieron del Senado, con claras intenciones políticas. Otros, como los divulgados por un programa detelevisión pública, con connotaciones muy parecidas a sórdidas operaciones de inteligencia. Y hasta sepueden incluir en la lista los impresentables exabruptos del DT de la Selección.
Más allá de los inocultables vicios de gestación de todos estos mensajes críticos, acasocorresponda también ocuparse de a quiénes van destinados: nosotros, los periodistas.
Tengo 43 años y llevo 20 de desempeño profesional en diferentes medios. Con preocupaciónobservo cómo, sin prisa pero sin pausa, el trabajo periodístico viene sufriendo una continua degradación, que va al ritmode la caída general de nuestro país. En promedio, hoy tenemos peor educación, peor salud y peornivel de vida que décadas atrás. Lo mismo con los políticos, los empresarios o los intelectuales.¿Por qué pensar que el periodismo iba a poder escapar de una decadencia de la que nada ni nadiequeda a salvo?
Me avergüenzan los oscuros e interesados personajes que critican al periodismo en estos días. Perotambién me avergüenzan los colegas y medios que usan una tarea apasionante con el propósito de hacer negocios, traficar influencias, extorsionar y operar políticamente,abandonando escrúpulos profesionales y éticos. No todos somos así, claro, pero cada vez haymás.
El sábado pasado, PERFIL publicó una encuesta de Management & Fit sobre el impacto que tiene en laopinión pública la guerra Gobierno-medios por la Ley de Servicios Audiovisuales. Y allí surgió quecasi el 75% de los consultados sólo tenía “alguna” o “poca” confianza enlos periodistas.
No somos impolutos ni intocables, ni estamos bañados en agua bendita. Sería deseable quenosotros mismos, los periodistas, podamos crear y ocupar espacios para discutir y transparentarnuestro trabajo de cara a los destinatarios del mismo: la sociedad. Porque la falta de autocrítica nos quita autoridad para criticar.
* Secretario de redacción de DIARIO PERFIL.




