Nos encontramos en el transcurso de una tarde gélida mientras la temperatura política, encambio, vuelve a encenderse con el anuncio presidencial del diálogo. Y charlamos largamente conHilda González de Duhalde. La senadora se muestra comunicativa y expone su pensamiento con claridady una estructura que va acentuándose a lo largo de una vida política que quizás, algún día, seconvierta en el relato de un best seller ilustrativo de años difíciles.
—Yo creo que el diálogo es un primer paso, explica, Pero ¿para qué? Para el consenso. Eldiálogo solo no sirve. Yo puedo estar dialogando con usted durante horas y, a lo mejor, cada una semantendrá en una posición en la que nada se modifica. En dos palabras, tuvimos el diálogo y no pasónada. Porque, fíjese: ¿qué busca el diálogo? Que cada uno se corra un poquito de su sitio para,así, encontrar un lugar común que vendría a ser el consenso. Cuando España logró el Pacto de laMoncloa, los españoles instalaron con mucha fuerza (y lo siguen haciendo) la palabra“consenso”. Es, justamente, el espacio en el que se encuentran dos opiniones y del quesaldrá, a la postre, una. Por eso, solamente llamar al diálogo no alcanza. Llamar al diálogo a lossectores por separado tampoco es bueno. Creo que hay que disponer una mesa en la que esténrepresentados distintos sectores. Las empresas, los sindicatos, los partidos políticos, el campo,distintas religiones… En fin, todos los sectores que están relacionados con el quehacernacional sentados a una misma mesa con el fin de dialogar. ¿En la búsqueda de qué? Insisto: deconsenso… –reitera Chiche acentuando la palabra.
—Bueno, el senador Gerardo Morales opina que, siendo la UCR la segunda fuerza política, nopuede ser una convocatoria masiva y pide una reunión por separado. Incluso, dijo algo así como“no vamos a permitir que sigan ninguneando al radicalismo”.
—Yo creo que a esa mesa de diálogo tendría que ir, por supuesto, la oposición en susdistintas vertientes. Coalición Cívica y radicalismo por un lado. Justicialismo disidente, porotro. Pero tiene que estar presente el conjunto que los va a representar. Generalmente, no debe seruna sola persona por partido. Siempre es preferible que sean dos. Pero tiene que haberrepresentación. Por supuesto que “todos” no podemos ir. Se sonríe levemente yrecordando el muy diplomático viaje que emprendió con su marido durante la semana de elecciones,agrega: el otro día, en España, hablando con Felipe González de su participación tan activa en elPacto de la Moncloa, nos recordaba que ellos conformaron un espacio en el que estuvieronrepresentados todos los sectores. Un espacio que no puede ser demasiado grande ni demasiadopequeño. Tampoco puede ser sectorial. Y lo que decía, que me parece esencial, es que la reunión fuecon todos para encontrar acuerdos básicos en no demasiados puntos. Diría que en los esenciales. Através del ministro Randazzo, la Presidenta parece acelerar (hasta el día de hoy) los contactospara empezar a definir los términos de la convocatoria y a consensuar la agenda. Reforma electoral,cena con empresarios y sindicalistas, etc. (a la que el campo no fue invitado). Pero hay muchospuntos que debemos tratar. Justamente, ¿qué vamos a hacer con el campo? ¿Con la pobreza? Bueno, haymillones de temas porque las distintas áreas presentan distintos problemas. Los empresariosnacionales, las grandes empresas nacionales en general. Pero me parece que no puede ser un diálogoentre dos en el que no hayan escuchado y participado los demás. Y por una simple razón: puedopensar mal y suponer que arregla con este sector individualmente pero no sé qué pasa con el resto.Pienso que lo más saludable, sano y transparente es la participación, alrededor de una mesa, detodos los sectores.
—La doctora Carrió dijo que el debate debía darse en el Parlamento. ¿Usted qué piensa?
—El ámbito del Parlamento es bueno. Puede ser un ámbito interesante. Me acuerdo que laMesa del Diálogo se hizo en el ámbito de la Iglesia, pero allí participaron todos los sectores.Ahora, podría ser, seguramente, el Parlamento. Lo que hay que ver es si ellos tienen verdaderamentela intención de dialogar. De entablar una búsqueda de consenso.
—Cuando usted dice “ellos”, ¿se refiere a la pareja reinante?
—Bueno… sí. Más que el Gobierno, el matrimonio reinante porque me parece que elGobierno, en estas decisiones, no tiene demasiada participación.
Mientras arden los leños en la chimenea, nos quedamos pensando en la conversación con FelipeGonzález:
—Qué interesante haber hablado largamente con él.
—Felipe González tiene una enorme experiencia, subraya la senadora. Tiene ahora a su cargola tarea de “pensar” la Europa que viene. Al encomendarle esa tarea, le han asignado unrol muy destacado. Un poco lo que tendríamos que hacer nosotros, ¿no? “Pensar” laArgentina que viene. La América que viene. Pero ésas no son cosas que pueda hacer una sola persona.Aquí hay que llamar a mucha gente. Gente que sabe mucho. De distintas ópticas y distintascorrientes ideológicas. Con posiciones filosóficas diferentes… Y poner a toda esa gente a“pensar” la Argentina. Mire, el Bicentenario es una gran oportunidad pero yo hablaríade 2016 más que de 2010. Me parece que esto necesita tiempo. Las cosas no se pueden hacer a lasapuradas. Las urnas hablaron y opinaron sobre la gestión del matrimonio Kirchner, pero los cambiosson tan importantes que, me parece, necesitan madurar y ser consensuados. Y esto no se puede hacertan rápidamente.
—El flamante jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que no descartaba el diálogo con elDr. Duhalde.
Chiche se toma un tiempo y explica:
—Mi esposo es un hombre de diálogo y habla con todo el mundo, con todo aquel que le pidauna opinión. No lo ha hecho Aníbal Fernández. No sé si lo hará. Tampoco sé si mi esposo estáinteresado en hablar con él porque ése es un tema que no se nos ocurre que pueda suceder. Leaclaro: que el Gobierno o parte del Gobierno quiera hablar con Duhalde... ¡Cosa que sería muy sana!Y muy saludable. Que hablaran con todos los ex presidentes más allá de que compartan o no susopiniones. Que hablen. Que vean la mirada de cada uno. Que discutan. Que dialoguen. Incluso, entemas económicos existen las más variadas opiniones: desde Cavallo, que opina una cosa, hasta losmás allegados al Gobierno. Hay toda una variedad de pensadores y economistas argentinos, de genteque puede aportar ideas, pero para eso hay que abrir muy bien la cabeza y las orejas para esto quedecíamos antes: si nos corremos del sitio en el que estamos (convencidos de que estamos bien), peropara ubicarnos en otro lugar que sea el ámbito de todos.
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