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Qué pasaría si 33 mineros quedaran atrapados en Argentina

En un relato de ficción política, el escritor plantea un hipotético caso similar al chileno.

13-10-2026 | 19:44

Inspirado por los mails que empezaron a escribirse gracias a lasiempre viva creatividad argentina, quiero sumarme a ellos para rendir homenaje a los minerosargentinos que no pudieron salvarse por las idénticas razones que hacen “desaparecer” anuestro país (Mario Vargas Llosa dixit). Es un asunto triste, pero a muchos produce carcajadas.

En efecto, a los pocos días de la catástrofe chilena –que diovuelta al mundo–, ocurrió otra similar aquende la cordillera. Quedaron sepultados tresdocenas de mineros. Sus familiares corrieron al lugar y clamaron ayuda a los gritos. Algunosarrastraron a varios periodistas locales. Pero ninguno de sus informes pudo atravesar los filtrosque se impusieron con rapidez en las redacciones. Desde la Casa Rosada se negó de inmediato elhecho con un breve comunicado.

Ahí se culpaba al monopolio periodístico y los desestabilizadoresde siempre por inventar historias que buscan un golpe de Estado. El jefe de Gabinete dijo que erauna simple y alucinada “sensación de catástrofe” fogoneada por la oposición. Comoprueba de que nada había ocurrido en la mina, cuyo nombre y exacta ubicación se mantenían ocultospara evitar el aflujo de curiosos, la Presidenta invitó al gobernador de la provincia a disfrutarun tranquilo fin de semana en su residencia de El Calafate.

Pasados algunos días aparecieron noticias de que los minerosestaban vivos a más de seiscientos metros de profundidad, en un refugio provisto de alimentos ymilagrosas ranuras que dejaban llegar aire del exterior. Sus familiares, amigos y compañerosvolaron hacia las dependencias de ministerios, gobernación y sindicatos para implorar ayuda, sinque hicieran caso a sus reclamos. “¡Ya deben estar muertos!” les repetían.

Dos de ellos juntaron dinero para pagarse un viaje a Buenos Aires yrecorrieron los medios de comunicación. De “6,7,8” los sacaron a patadas. En la callelos esperaba un piquete que les arrancó los pelos y amorataron a golpes. Fueron en busca de untaxi, pero antes de abrir la puerta un motochorro les quitó el bolso con su ropa y dinero. Con lopoco que uno había ocultado bajo el calzoncillo pudieron llegar a La Nación. Los escucharon,tomaron nota y prometieron mandar un investigador. Apenados por su estado, le ofrecieron dineropara dirigirse también al “monopolio”, a la revista Noticias y el diario Perfil.

Para su sorpresa, a las 24 horas las tapas de esos medios daban aconocer la horrorosa catástrofe y confirmaron que existían claras señales de vida en las entrañasde la tierra. La Casa Rosada convocó a la prensa para demostrar que esos medios usaban la desgraciaargentina para desprestigiar al Gobierno. No se justificaba hacer tanto ruido por un accidente, yaque son incontables los que ocurren a diario.

Tres docenas de mineros no son más que los caídos en las rutas, losasaltos a mano armada o la mala prestación médica de los sanatorios privados. Para colmo esosmedios se basaban en datos nebulosos sobre una imposible sobrevivencia.

Pese a la terca negación de los hechos, numerosos periodistasfueron al lugar y el asunto empezó a ser comentado por doquier. Los dos denunciantes fueron aabordar el avión que los llevaría de regreso, pero fueron esperados en el aeropuerto por un grupode mujeres lideradas por Hebe de Bonafini que los calificó de turros al servicio del imperialismo,prometiendo que sus cadáveres serían enterrados juntos a los militares de la dictadura.

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