El Congreso de la Nación fue uno de los escenarios más importantes de la política en 2008. Allítuvo lugar la maratónica sesión en la Cámara de Senadores cuando se discutían las retencionesmóviles. Allí explotó la figura del vicepresidente Julio Cobos aquella misma noche, con su voto "nopositivo". En el recinto se discutieron temas trascendentales para todos los argentinos como laestatización de las AFJP, el blanqueo de capitales o la movilidad jubilatoria. Allí corrieroninsultos, amenazas, escándalos.
Hoy queda poco de todo eso. Como todos los años, el Congreso entra en receso por lasvacaciones. Mientras las playas se llenan, los pasillos se vacían. Con contadas excepciones, noqueda nadie en el edificio, que parece haber sido abandonado en un éxodo a las apuradas.
"Acá no viene nadie hasta el 2 de febrero", informan tres empleados de Intendencia que sequedaron de guardia. Las sesiones ordinarias de diputados y senadores comienzan a principios demarzo, "pero algunos vienen antes y hacen reuniones, y uno tiene que estar ahí por si necesitanalgo", explican.
La oficina de Intendencia, cerca de la entrada, es una de las pocas donde hay actividad. Ovida humana. Recorrer los pasillos de los pisos superiores es una experiencia entre tétrica eincómoda. Todas las puertas están cerradas, algunas hasta con candado, las cortinas corridas, y lossillones de cuero abandonados. Sólo se escuchan los propios pasos, la propia respiración, y losruidos lejanos de las pocas personas que quedan en el edificio.
"Aprovechamos para limpiar, ordenar", dice un hombre mayor que quedó de guardia en la cocinade uno de los pisos superiores. Escucha la radio y revisa la máquina de café. Su turno devacaciones llegará en febrero, cuando vuelvan los demás. Mientras tanto, espera. "¿Si sale muchocafé a esta altura? No, no sale nada. Es tranquilo. Los senadores se vuelven todos a susprovincias", explica.
Eso no quiere decir que nadie trabaje en estos días. El asesor de un senador, con oficinacerca del Salón Azul, cuenta que aprovecha para ponerse al día. "No tengo tiempo para aburrirme.Queda trabajo pendiente del año, hay que adelantar cosas, y atiendo los llamados, hay gente quetodavía llama", dice. Su caso dedicación al trabajo es excepcional.
"No, no queda nadie, apenas las guardias", afirma uno de los pocos empleados de seguridad deledificio. Charlan entre ellos: como entra poca gente, no tienen mucho que hacer. Pero tampocopueden cubrir todo el edificio: "No se puede andar circulando por acá si no se tiene un despachopara una oficina en particular", dice. Y da por terminado el paseo por un Congreso vacío.
(*) Redactor de Perfil.com.




