Ricardo Raúl Jaime tuvo una buena noticia esta semana. Mientras se producía la tragedia de Once, el juez federal Norberto Oyarbide declaraba nulos centenares de mails que lo comprometían en maniobras oscuras. Sin embargo, Jaime sigue estando en la mira por enriquecimiento ilícito.
El hombre que disfrutó de las mieles del poder como secretario de Transporte de los Kirchner y que, según la Justicia, habría recibido dádivas de empresarios del transporte –incluso se lo acusa de haber utilizado un avión de los Cirigliano, dueño de TBA–, hace uso de su experiencia en la materia trabajando para una empresa oriunda de Cañuelas, F. Romano Transportes, que se dedica al transporte de cargas.

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