Hay una faceta en la historia de Bob sobre la que deseo poner énfasis ya que mi condición deperiodista y el haber comenzado mi carrera en la época en que Cox se tuvo que ir del país, mepermiten un análisis con conocimiento de causa. Estamos viviendo hoy una era donde el periodismo escada vez más acusado –a mi juicio muy erróneamente– de ser una mera herramienta de lapolítica, donde al criterio de objetividad se lo considera una fantasía y la realidad es pensadacomo un relato construido por los medios (se prefiere decir medios en lugar de periodistas porquetodavía queda algún respeto por la palabra periodista pero somos los periodistas quienes, también,hacemos los medios).
Desde esta óptica el periodismo no es un fin en sí mismo sino un medio para otros fines como,por ejemplo, la política. Y es Bob el mejor ejemplo del periodismo como fin en sí mismo, de rigortécnico que sólo puede practicar quien ama su profesión por sobre cualquier otra, como deberíahacer cualquier persona con la profesión que haya elegido para luego ser buen ciudadano siendoprimero buen plomero, buen artista, buen médico, buen policía, buen abogado o buen carpintero.
Bob iba con la clásica libretita de anotaciones de un periodista a preguntarle a la gente queestaba pasando la noche frente a la Casa Rosada a la espera de que le asignaran uno de lossolamente diez números que entregaba por día el Ministerio del Interior para aquellos que iban abuscar información sobre familiares desaparecidos. Así tomó conocimiento de las historias que luegodieron origen a las Madres de Plaza de Mayo cuando aún ni siquiera Hebe de Bonafini laintegraba.
Bajo la premisa de que todo es subjetivo, al periodismo se le pretende quitar su carácterveridiccional, de verificación de lo que sucede, o sea de la verdad. En el caso de Cox y lo queestaba sucediendo con las Madres de Plaza de Mayo, se prueba más aún la capacidad de distanciacrítica que es posible en el periodismo en su búsqueda de objetividad porque el diario Buenos AiresHerald no tenía simpatía por Montoneros o el ERP a quienes llamaba literalmente terroristas, nitampoco una severa antipatía por la política económica que originalmente había anunciado Martínezde Hoz, la que luego se transformó en otra cosa. Por tanto Bob no estaba a favor o en contra de lossujetos noticiosos, él era periodista y publicaba informaciones verificables y relevantes sinimportar si beneficiaban a unos o a otros. Eso es puro periodismo.
Personalmente le debo la vida a Robert Cox, porque el 6 de enero de 1979 cuando fuisecuestrado y alojado en el centro de detención clandestino El Olimpo, fue el Buenos Aires Heraldquien primero publicó la noticia sobre mi desaparición haciendo posible que las agenciasinternacionales tuvieran esa fuente para esparcir la información por todo el mundo y teniendo ya ladictadura que liberar a Jacobo Timerman por la enorme presión internacional que soportaban, noquisieron sumar la muerte de un periodista más, bastante poco importante y que recién comenzaba suprofesión, y al poco tiempo me liberaron, suerte que no tuvieron los muchos periodistas asesinadosen 1976, 1977 y todavía en 1978 porque aún no existía ese nivel de presión internacional. Cuando enel año 2005 esta misma Legislatura distinguió a Bob por su valor durante la dictadura, él recibióel premio “en nombre de todos los periodistas desaparecidos”.
Cox estará de acuerdo conmigo en reconocer también la valentía y el compromiso profesionalcon el periodismo de los dos directores del Buenos Aires Herald que lo sucedieron: James Neilson yAndrew Grahan-Yoll quienes también enfrentaron enormes peligros.
El periodismo tan vapuleado, tiene hoy en esta distinción que recibe Cox, también su propiohomenaje. Periodistas como Bob muestran a las nuevas generaciones que es posible practicar un gradode objetividad que permita a nuestra profesión seguir cumpliendo el papel social que ocupa desdeque Gutemberg inventó la imprenta hace ya quinientos años.
* fundador del Diario Perfil




