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Si los periodistas tienen rabia, el problema es quién los contagió

Con el mismo tono amable que usó la Presidenta para contestarle al notero de CQC en La Plata, bien podría concluirse con el refranero cervantino que, para terminar con la causa del problema, "muerto el perro se acabó la rabia".

29-09-2026 | 07:40

Es verdad. Tal como lo dijo la Presidenta, "algunos periodistas tienen que inocularse laantirrábica". Sin embargo, en su festiva y no menos irónica afirmación, Cristina Fernándezprobablemente no tomó en cuenta la raíz de la cuestión que el Diccionario glosa a partir de ladefinición de "rabia", una enfermedad que se produce en algunos animales y que se transmite pormordedura a otros o al hombre, al inocularse el virus por la saliva o la baba del animalrabioso.

Descripción que precisa, sin ambigüedades, que la cadena de la rabia que se busca controlar notiene su origen en la acción del periodismo, sino que éste es una víctima.

El problema es que cada vez son más los periodistas que se han contagiado y que necesitan lainyección que les quite la espuma de la boca, porque lo que se vive por estas horas en la relaciónentre los medios y el poder está violentando a la profesión de manera extrema. Escraches, juiciospopulares, carteles anónimos o difamaciones varias que hoy han puesto a los periodistas a ladefensiva, reacción que muchos intentan antes que sentirse amordazados o condenados a laautocensura, son la génesis de una situación de violencia que viene de arriba para abajo. Malaconsecuencia, además, para una tarea que necesita, para ser llevada a cabo con valía, de la menorcantidad de prejuicios posibles. Una situación así, que se genera para condicionar la libertad deexpresión, no le sirve a la prensa, ni al Gobierno ni a los ciudadanos.

Las patotas de Guillermo Moreno, los exhabruptos de Hebe de Bonafini o las agachadas de GabrielMariotto y de los seudointelectuales que operan a través de la televisión pública, son la caravisible de las usinas que buscan irradiar esa rabia, hacia quienes no piensan como ellos. Son cadavez más los periodistas que juran que nunca en su vida profesional han tenido que lidiar con tamañobombardeo de virus, como el que hoy se inocula desde la cultura de la crispación. Con el mismo tonoamable que usó la Presidenta para contestarle al notero de CQC en La Plata, bien podría concluirsecon el refranero cervantino que, para terminar con la causa del problema, "muerto el perro se acabóla rabia".

(*) Agencia DYN

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