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Simplemente no te quieren

Análisis de la relación entre la Presidenta y los argentinos. El abismo que separa respeto de cariño. Cómo recuperar la confianza.

13-10-2026 | 11:59

En los noventa me tocó asesorar a un grupo chileno que se hizo cargo de una de nuestras másemblemáticas empresas estatales. La idea de los hermanos trasandinos era convertirse en unacompañía "querida"; es decir, héroes que venian al rescate.

Los ejecutivos iban de acá para allá, ensayando sonrisas frente a un auditorio interno que lesescupía el café (literal), y uno externo que les demandaba soluciones mágicas.

Fue la primera vez que choqué de frente con el siguiente concepto: si para Juan Bautista Alberdigobernar es poblar, para muchos empresarios posicionar una empresa es "hacerse querer";sobrevaloración del afecto que conduce a callejones sin salida.

Por supuesto, los convencí de que antes de encariñarnos con un chileno (todavía no habíandesembarcado "Manguera" Valenzuela y Benjamín Vicuña), los argentinos éramos capaces de abrazar auna boa constrictora. Eso sí, valorábamos su creciente eficiencia. ¿Por qué empeñarse con el amorcuando es posibleconstruir desde el respeto? Peor aún, cuando la búsqueda del amor ahuyenta elrespeto.

El nudo de la gestión de Cristina Kirchner puede resumirse así: nosotros no la "queremos", yella está enamorada de un pueblo inexistente. Acá también funciona eso de las culpas compartidas.Que la presidenta está lejos de ser querida salta a la vista. Aunque todos los políticos populistasirritan a los ricos, Cristina suma la originalidad de desconcertar a los pobres.

La nota completa puede leerse en la nuevaedición de la revista Noticias.

(*) Publicista y Filósofo.

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