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Un año perdido y otra década despilfarrada

23-08-2026 | 14:30

Cuando ya se está pisando el último trimestre del año, la economía argentina no parecereaccionar y el gobierno se encuentra enfrascado en un callejón sin salida, inmerso en debatesestériles. Su anacronismo conceptual impide que el país pueda aprovechar algunas de las ventajasque ofrece el mundo y nuevamente, la Argentina se paraliza, desperdiciando tiempo y dinero.

El absurdo rige al país y la administración Kirchner es apenas una mueca frente a una caídasin freno. Todos los indicadores económicos, a pesar de las estadísticas fraudulentas del INDEC,muestran caídas y cuando menos parálisis en todos los sectores de la economía.

Actividad, ventas, recaudación, situación fiscal, industria, agro, exportaciones, importaciones,construcción, empleo, todas muestran signos negativos mientras el gobierno continúa mirando haciaotro lado. El FMI sólo vino a confirmar lo que está ocurriendo a diario y lo que está soportando lasociedad argentina.

Hace seis meses que la administración Kirchner está obsesionado con sacar una ley de medios conla que intenta callar y controlar las voces opositoras de un sistema de comunicaciones cavernícola.Por caso, ¿qué sentido tiene intentar el control de una porción de los medios de comunicación, anteel avance arrollador de los canales de Internet? Una vez más, la dirigencia argentina no sólomuestra su incapacidad sino su obsolescencia y su carencia cultural. Fútiles intentos de un régimendecadente.

El año está terminado…y perdido. No hubo señales de generar siquiera expectativasfavorables. Peor aun. El conflicto en el caso Kraft Foods dejó al desnudo no sólo la incapacidadoficial sino la temeridad del gobierno frente al desborde de las protestas. Con una parálisis,rayano a la complicidad, el gobierno no controló la situación y la protesta social salió de cauce,desbordando incluso a la burocracia sindical, un brazo extendido del aparato oficial.

Pero el absurdo no encuentra límites y el conflicto ya se trasladó al terreno diplomático, nosólo encendiendo las luces de alerta en la legación de Washington sino también en las embajadaseuropeas.

Lejos de oficiar como mediador, el gobierno parece haber tomado partido por la insurgenciaobrera frente a la decisión patronal.
Por estas horas, las probabilidades de un cese de actividades del gigante alimenticionorteamericano en el país, se incrementaron notablemente. "Hay otros países que ofrecen un mejorclima de negocios", razonan en círculos empresarios. "Con un nivel de actividad cada vez máspequeño y con un gobierno hostil, la decisión de la casa matriz puede caer en cualquier momento",completan.

Sin embargo, comienzan a resurgir los crónicos problemas de todos los gobiernos en las últimasdécadas: una vez pasado el ciclo de crecimiento, el déficit fiscal se convierte en una pesadillapara cualquier administración y sistemáticamente el resultado concluye en una nueva y reiteradacrisis.

Más allá de los proyectado en el presupuesto 2010, el rojo fiscal se agravará de manera agudaporque la actividad económica demorará en reaccionar. Las cosechas serán sustantivamente menores yla demanda global doméstica se verá afectada por la suba del desempleo que aportará también menosrecursos a la seguridad social.

Con estos dos factores, en declinación los ingresos fiscales van en el mismo sentido y la caídade ingresos será aún más pronunciada ya que gran parte del sistema tributario está atado a estasvariables y está sentado sobre una cuestionable estructura de anticipos de pago.

Pero el autismo oficial parece no tener límites y contempla para 2010 un superávit financiero.Los cálculos más optimistas estiman que el rojo fiscal consolidado -nación y provincias-, seubicará largamente por encima de los 10.000 millones de pesos.
A esto hay que agregarle que la ejecución de las obras públicas no están incluidas en elresultado fiscal ya que según reza el proyecto oficial "serán tratados presupuestariamente comoadelantos a proveedores y contratistas hasta su finalización".
En una clara ficción contable, los adelantos están contemplados en la cuenta aplicacionesfinancieras que recién se contabilizan como gasto cuando la obra se encuentre finalizada. Pero enrigor, los gastos de infraestructura son gastos de capital y deben contabilizarse como gastopresupuestario.

Pero además como un coletazo de los superpoderes, el proyecto le permite al Jefe de Gabineteincrementar el gasto sin necesidad de pedir permiso al Congreso, una tentación sin límite.

Mientras los ingresos caen, a pesar de la estatización de los ahorros previsionales, el gasto seexpande a una velocidad inédita, alimentado por los déficit generados en las empresas estatizadas,con lo cual el rojo fiscal que hoy supera los 2.500 millones de pesos en 2009, tiende aensancharse. Más gasto, menores ingresos, con una presión fiscal insostenible para los sectoresformales de la economía y sin financiamiento externo.

EL 2009 ya está perdido. Una vez más se desperdició una oportunidad histórica durante la primeradécada de este siglo. De nuevo, otra generación camino a las ruinas. ¿Hasta cuándo?

(*) Agencia DYN

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