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Un país de niños

La estupidización del liderazgo político. La dificultad adolescente para conciliar, los "berrinches" y el ojo por ojo.

13-10-2026 | 15:18

Simuló hacer un "puchero" para las cámaras, dejó pasar un espacio detiempo y encaró a las barras convocadas al Club Atenas, de La Plata. "Los médicos se enojan, perotenía que levantarme de la cama para luchar. El amor y el sentimiento me han fortalecido elcorazón", hablaba el niño-víctima. Ya estaba informado que el efecto carótida le había subido unospuntitos su pobre imagen positiva. Antes de terminar el discurso, Néstor Kirchner también quiso llorar y no pudo.

El domingo siguiente, en Olivos, reapareció, sin embargo, elniño-agresivo: "Cuando se den cuenta, la guita no va a estar; no nos dejan gobernar, pero lohacemos igual". Como si dijera: "Tomá, ahí tenés, me hiciste sufrir pero ahora, por fin, te ladevuelvo". Había terminado de leer los textos de los dos decretos que reemplazarían el fatídicoFondo del Bicentenario. Ir contra las normas de la madurez política: toda una liberación de energíainútil.

El lunes del inicio de sesiones, mientras su esposa, la Presidenta dela Nación, hacía tiempo y empezaba a decir que había firmado algo (en lenguaje "sarasa") en acuerdode ministros -que no llegó nunca a definir como otro DNU-, Kirchner estalló en una mueca pícara yguiñó su ojo disponible. No se pudo contener el niño-pendenciero. Se había vengado de 48 días durante loscuales no le habían dado el gusto de satisfacer su capricho: quedarse con las reservas por lafuerza, sin Congreso mediante. Estaba contento como un chico. No sintió vergüenza porque no puedeverse a la distancia ni advertir lo patético de sus gestos.

Sus discursos son justicieros, simulan el sacrificio por el bien delpaís, se autoadjudican todo lo bueno y no se hacen cargo de nada de lo malo. Aunque delatan elpropio interés personal y el deseo de lastimar a quien quiera que se le ponga enfrente. Como diceun leal ministro que lo sigue desde Santa Cruz: "A Néstor no le importa nada". Como alniño-berrinche. El contenido es lo de menos: se puede adquirir en el supermercado de los estilos devida o en la mesa de saldos del marketing político.

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