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Una noche cubana en la Feria del Libro de Buenos Aires

La disidente cubana cuenta que "volvió" a Cuba cuando vio lo que sucedió con Hilda Molina en la Feria del Libro.

Una noche cubana en la Feria del Libro de Buenos Aires
13-10-2026 | 16:47

A cualquiera podría antojársele una escena surrealista; pero a mí, no. El ir y venir de hombresvestidos de gris, con caras severas,
irónicas, autoritarias y amenazantes por el vestíbulo contiguo a la Sala Jorge Luis Borgesla noche del 23 de abril, día de la presentación del libro de la Dra.Hilda Molina, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, me llevó inevitablemente aCuba.

Sí, había vuelto a Cuba, un sueño agridulce, un conflicto salomónico que tortura,lentamente, noche tras noche, a mi alma y mis dientes. Eran ellos: los gendarmes de la Palabra, losJueces del Juicio Final y Sumarísimo donde se sella la Condena a Muerte —física osocial— de los que osamos modificar así sea uno sólo de sus enunciados.

Eran los Agentes al Servicio de la Inteligencia Cubana encargados de perseguir a los disidentesy opositores cubanos hasta en el más recóndito pedacito de tierra; encargados de hacer eco de sucanto de sirena por países a los que tanto les ha costado alcanzar la democracia; encargados dereeditar la historia de Cuba para enmascarar la dura verdad que encierran las costas de aquellaisla. Estaban allí, rondándome, como buitres, y a la vista de todos lideraron un episodiobochornoso para un país con Estado de Derecho como lo es Argentina.

Ahora bien, ¿cómo se explica que estos agentes castristas pisoteen y mancillen laConstitución de la República Argentina sin que nadie haga nada al respecto? ¿Cómo se explica queestos agentes entren al Congreso argentino, como sucedió anteriormente, y a viva estampa sean losque lideren un boicot? ¿No es esto una injerencia del régimen castrista en la política pluralistaargentina? ¿Es —no digamos ético— humano que los cubanos refugiados y/o peticionantesde refugio tengamos que continuar viviendo con la certeza del peligro al otro lado de nuestrapuerta, estando ya en un país libre que nos ha brindado protección?

¿Por qué los refugiados cubanos somos desmoralizados por distintos medios de comunicación condistintos epítetos —gusanos, agentes de la CIA, antisociales, etcéteras— por el simplehecho de pensar diferente? ¿Por qué ni siquiera nos asiste el beneficio de la duda aún estandofuera de Cuba? ¿Por qué el régimen castrista habla de una guerra mediática contra Cuba si son elloslos únicos que disparan? Nosotros no queremos disparar; los opositores y disidentes cubanosqueremos hablar y que se nos escuche.
Persecución, ensañamiento y alevosía, eso es lo que hacen los agentes castristas; suaccionar no tiene otros nombres. Y yo lo sé.

Hace muchos años que lo sé: estos hombres no me van a dejar en paz hasta hacer caer laguillotina en el mismo centro de mi cervical. Soy opositora del régimen castrista, tengo 39 años yhace casi cuatro huí del Imperio de la Censura y el Silencio impuesto en mi país con igual magnitudal que se impuso en los países de Europa del Este por los años de la Guerra Fría.

Y ellos no me lo van a perdonar. No me van a perdonar que me les haya escapado y mucho menos mevan a perdonar que levante mi voz en el exilio para denunciar las atrocidades que ahora mismo seestán cometiendo dentro de las mazmorras y hasta en las calles castristas (porque según ellos lascalles son de Fidel) contra mujeres y hombres amantes de la libertad y la democracia: Losprisioneros políticos y las Damas de Blanco.

Y por eso, porque conozco el modus operandi de los castrodefensores, fue que me apertrechécon la verdad y me fui a la Feria del Libro con la imagen de los prisioneros de consciencia. Nadieme pagó por ello —aclaro—, desde que Orlando Zapata Tamayo murió por la desidia, laindiferencia y la intolerancia del régimen castrista, mi corazón está con el resto de losprisioneros.

Y salí a defenderlos, ¿o acaso no estoy en un Estado de Derecho donde puedo expresarme sin quese me amordace y encierre? Pues sí, estoy en un Estado de Derecho y sin embargo tuve que pedirprotección a la Policía Federal para que me alejara del predio ya que allí, en el vestíbulo, muchodespués del boicot, me esperaban amenazantes los agentes al servicio del régimen castrista queactúan impunemente en territorio argentino. Ellos sí son libres. Yo, no.

(*) Fonoaudióloga cubana, peticionante de Refugio en la Argentina.

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