UNASUR: se reunieron para hablar de la guerra, pero sólo discutieron por la TV

Por que la reunión de Bariloche terminó en fracaso. La intimidad de la cumbre.

06-10-2026 | 22:48

Con el vértigo de una prenda de Feliz domingo, Bariloche se maquilló contrarreloj para lallegada de los presidentes. Desmalezamiento, chapa, pintura, líneas peatonales, retoque debanquinas, arbustos cortados a la navaja; hasta el tiempo se disciplinó con las visitas y eltemporal de lluvia de tres días se detuvo milagrosamente el jueves a la mañana. En veinticuatrohoras exactas, la ciudad pasó de ser una adolescente desgreñada con un buzo del hermano a unaespecie de Greta Garbo con sombrero, parada sobre los tacos de diez centímetros de sus Louboutin.Tres mil (sí, tres mil) efectivos de seguridad hacían de soldaditos de torta en el trayecto de 25kilómetros que separa el fascinante Hotel Llao Llao del Centro Cívico, en la esquina de SilvioSoldán y Escribano Prato Murphy. La excitación frente al evento era tal que hasta los municipalespudieron cobrar parte de su aguinaldo de 1.300 pesos que llevaba dos meses de retraso y los habíapuesto a las puertas de un paro general. Unos afiches de la oficina de turismo local permitíandarse una idea de lo que estaba por suceder en la Cumbre: “Bariloche, Paz” decían. Lospresidentes de América del Sur llegaban aquí a discutir la guerra. Pero terminaron hablando de latelevisión.

Unos días atrás, en Buenos Aires, las fuentes de la diplomacia colombiana eran claras: AlvaroUribe no habla si no se los transmite en directo, y sin editarle el contenido. El presidente deColombia razonaba como un periodista con una exclusiva: pero ¿qué denuncia tenía? Llegó a Barilocheacompañado del rumor de un par de tapes y un power point reveladores de la sociedad entre HugoChávez y las FARC. A la hora de poner la carne en el asador, sólo mostró unas fotografías dematanzas de campesinos, sin dar siquiera detalles o referencias exactas de las imágenes. Al lado,en la carpa de prensa, el debate se seguía desde unos inmensos monitores planos con la tensión deun match de lucha libre. La primera participación de Chávez estuvo antecedida por un:“Ohhhh” general, mezcla de expectativa y jubileo, la llegada del plato fuerte de lanoche. Con los periodistas separados físicamente de la deliberaciones, las radios se limitaron arelatar el encuentro en balances casi deportivos: “Se esperaba una reacción más fuerte deUribe”; “la respuesta de X fue contundente”; “el silencio de Y”,etcétera.

Lea la nota competa en la edición de hoy del DiarioPerfil.

También en Perfil