No explica cómo lo supo, pero este año decidió cambiar. Dicen que es su intuición, ésa que lepermite estar arriba desde hace 20 años. Marcelo Tinelli abandonó en parte fórmulas que hasta al más fanático le resultabanperimidas (“Bailando por un sueño” y derivados) y apostó al regresó de lo cómico a suprograma. Pero no sólo eso. A dos meses de las elecciones, reedita a partir de mañana “GranCuñado”, que habrá quedado viejo en el nombre (hacía referencia a Gran Hermano y a loscuñados de Carlos Menem), pero que la promoción se encarga de subrayar como el regreso del humor político a la Argentina.
Suena exagerado. El humor político nunca se fue. Todos los diarios y todas las radios tienen,bajo la forma de humoristas, dibujantes o imitadores, sus encargados de seguirle la huella a lospolíticos. Es posible que se haya replegado en los últimos tiempos, pero en donde falta el humorpolítico es, sin duda, en la televisión.
Salvo el honroso caso de CQC, donde el humor de cuño periodístico intenta tomar el pulsopolítico, existen demasiado pocas expresiones de humor político. Algún informe de TelevisiónRegistrada, cosas sueltas en Peter Capusotto y sus videos (que ahora ni siquiera está al aire),pequeñas secciones en los programas de los hermanos Korol (cada vez más pequeñas), pastillas enalgunos programas de cable y se acabó la lista. Las razones de que el humor político tenga pocapantalla (y menos predicamento) son varias, y no se contraponen. Más bien, se complementan.
¿Dónde está la gracia? “Como humorista, creo que hay menos humor político porque a lagente le interesa menos la política”, dice Rudy, responsable del humor del diarioPágina/12.
Lea la nota completa en la edición de hoy del DiarioPerfil.







