Aplacar los malos humores con un cóctel de apio, manzana y zanahoria. Sí, es posible. Laalimentación influye de manera directa en nuestras emociones; según lo que comamos, podemossentirnos eufóricos, relajados o felices. Sólo hace falta saber elegir y combinar los alimentos de manera correcta.
En La cocina de la Felicidad, Adriana Ortemberg, cocinera y naturópata especializada ennutrición y alimentación natural, enseña cómo potenciar el bienestar físico, emocional y espiritualen cada caso particular: "Cual diván de la cocina, los alimentos que preferimos y los quecondenamos al ostracismo casi nos gritan por qué lindes de la vida caminamos".
Por supuesto, no alcanza con elegir bien lo que uno va a ingerir; las condiciones en las que comemos también cuentan e influyen en nuestro estado deánimo. "Comer de 'mal rollo' entorpece la digestión y, por ende, la asimilación de nutrientes.Propiciar la relajación en el ambiente ayudará a multiplicar los beneficios de los alimentos:cambiar la televisión por música suave, airear el comedor, comer sin prisas y masticar mucho cadabocado. Y por supuesto, ¡evitar las discusiones!", sostiene Ortemberg.
La autora ofrece 100 recetas fáciles para preparar según cuál sea nuestro objetivo: "para cargarlas pilas", "contra el estrés", "para días pesados", "contra el mal humor", "para mitigar latristeza", "para una cabeza bien puesta", "afrodisíacas", "para conciliar el sueño" y "paracompartir buenas noticias".
Para mitigar el mal humor, por ejemplo, la especialista recomienda un "Cóctel de apio, manzana y zanahoria" para el desayuno, acompañado con tostadas depan integral untadas con tomate y queso.
Ingredientes:
1 apio
2 zanahorias
4 manzanas
2 cucharadas de germen de trigo
2 cucharadas al ras de levadura de cerveza
2 cucharadas de aceite de lino
1 cucharada de aceite de oliva o de sésamo
Paso a paso:
1- Limpiar el apio, las zanahorias, las manzanas y trocear todo.
2- Lo pasamos por una licuadora y le añadimos el resto de los ingredientes. Batir bien.
3- Servimos y bebemos de inmediato, ¡que las vitaminas se van perdiendo!





