•Semana 18 de 2010

Aprender a envejecer

Nuestro columnista dominical no escribe hoy de política, sino de cosas importantes que nos pasan (o esperan) a todos.

24-08-2026 | 12:08

El rito de iniciación más absurdo de la especie es bancarse que uno se hizo viejo. Es untelegrama que avisa que ya está listo el tobogán. Y sí, llega un instante de la vida en que la edadte hace polvo. Dicho de modo sutil: "del girasol se fuga el amarillo". Dicho de modo fatal: seacabó lo que se daba. Quedan semillas, sí. Pero la gran flor móvil entra a retrasar, se distanciade los asuntos del día, cambia de turno y se hace giraluna. El halconero Trotsky lo descubre cuandode paso por Madrid (va huyendo del zapín de Stalin que lo espera en México) se mira en el espejo ytoda su épica se le viene abajo. Lo asalta una idea que nunca pensó. Y escribe:"El momento másgrave de la vida es cuando uno se da cuenta que ha empezado a envejecer". Es el pensamientoestocada más filoso jamás pensado.



Y como "A cada chancho le toca su San Martín" (nada que ver con Don José, sino con el día delsantoral en el que en España inician la degollina del cerdo), también a mí el padre Tiempo me acabade enganchar de los garrones. O de las rodillas, que es por donde gusta entrar la vejez. Queadvirtiese esta catástrofe recién a los 80 se debe a una malformación genética. De chico me sentíaviejo. Era frágil, tímido, huidizo. Parecido a como empiezo a sentirme ahora. Pero no siempre fuecomo en estas dos puntas de la vida. Desde los 20, hasta que trompetearon los 80, me deslicé porlos años atemporal, juvenil, impune. Gravísimo disparate etario (vocablo horrible, pero asíse dice) por donde se lo mire. Pero ya está. Tener conciencia del patinazo exige que me esmere afull en el tiempo que aún me quede. Sería imbécil dedicar lo poco que resta a lo menor quepasa. Lo justo es atender algo más mi persona y no enturbiar el tramo final de mi biografíaamargado por las infamias de la troupe reinante.



¿Perder segundos en traducir la insolente sintaxis presidencial? ¿Imaginar que cosa trama eldiputrucho que siendo Harpagón se hace pasar por Perón? ¿Ponerme a criticar la carcajada fría deRossi? ¿El autismo de Scioli? ¿El rateril ascenso de Capitanich? ¿Las desorbitadas pulsionesjudiciales de Hebe de Bonafini? ¿La vergüenza de ciertos intelectuales que ahora no saben comoapearse de la Revolución K? ¿El Almacén de Ramos Generales al que algunos denominan "la Oposición?Entre esta joven actualidad y la vetusta historia que arrastro prefiero aferrarme al mástil comoUlises y atender los sí serios desajustes de mi política interior. Y en este sentido la Semanaresultó más que histórica para mi ego: por primera vez en mi vida pedí turno para ser inspeccionadopor un gerontólogo. Un abordaje táctil, verbal, sin vuelta de hoja. Y vaya que son gentiles aveces los dioses: quien se ocupará de sostener mi decadencia será ¡una gerontóloga! Este dato metranquiliza. Las mujeres son las que mejor trato me han dado en la vida. (Prueba de ello es quenunca necesité buscar un hombre que me comprendiera).



¿Que por qué iré a la doctora de viejitos? Pues para que me enseñe a pisar con máscuidado el planeta. De aquí en más deberé reirme más de lo que me pasa y nos pasa. Para ellomantendré a Zorba lo más cerca que pueda. Quizás la vejez termine siendo una catástrofe,"Pero ¡qué bella catástrofe es!", me dirá. Al menos, por ahora, me asiste sin problemas. Acabo decorregir tres originales y hay otros textos de ficción en camino de imprenta. ¿Si aprendí muchocomo periodista? Sí, lo principal. Que Noticia es aquello que el Poder no quiere que sepamos.


(*) Especial para Perfil.com

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