Vendarse las manos y ponerse los guantes es parte de un ritual que hasta hace pocos años sóloera conocido por hombres, pero cada vez son más las mujeres que se atreven a formar parte deluniverso del boxeo. Sólo en la Ciudad de Buenos Aires hay, al menos, 12 gimnasios que se dedican a enseñar esta actividad. Para ellas, muchas veces,golpear contra una bolsa es una forma de descargar las tensiones acumuladas luego de una larga y agotadora jornadalaboral.
Carolina Bisogni tiene 31 años y hace uno concurre a los entrenamientos de boxeo que se dictanen el gimnasio Megatlón del centro porteño. “Para mí el boxeo es como un cable a tierra. Através de un gancho o un cross tengo la posibilidad de liberar la energía”, asegura luego deuna hora de saltar la soga, pegarle a la bolsa y a los guantes de foco del profesor. La clase esmixta y aunque al principio las mujeres se sentían inhibidas al practicar un deporte típicamentemasculino, con el correr de las clases se volvió algo habitual. Melina de 35 años asegura: “Aveces somos más mujeres que hombres, sobre todo, los lunes. Pero ya me acostumbré y no me molesta.Ahora, hasta pido pelear con hombres porque me exige más y es un desafío poder enfrentarlos deigual a igual”.
Desde la Federación Argentina de Box (FAB) indican que desde hace cinco años comenzó a crecer lacantidad de mujeres que practican esta actividad y ya se registra un alza del 80% en las que hacen boxeo en forma no profesional. Segúnun cálculo estimado, las amateurs son casi mil en todo el país. Miguel Pippo, coordinador de Megatlón de la sedecéntrica, señala que “el boxeo entre las mujeres se está poniendo un poco de moda, además dedescargar tensiones es una actividad que sirve para trabajar todo el cuerpo, de la cabeza a lospies”.
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