Hace tiempo ya que se viene considerando que las vacaciones son el momento de ruptura definitiva de muchas parejas y que elregreso a casa marca un aumento en la cantidad de consultas y/o inicios de procesos de divorcio enrelación al resto del año.
En realidad, divorcios hay durante todo el año todos los años. ¿ Qué es entonces lo que sucede en marzo? ¿Por qué las vacaciones tandesesperadamente esperadas para desconectarse de la rutina, descansar, compartir más y mejor tiempocon la pareja y la familia terminan en la insólita e inesperada declaración del deseo de divorcio?Y con la consecuente acción dirigida a legalizar dicha decisión ¡ya!
Las hipótesis son varias. Podríamos pensar principalmente que todo lono-funcional, lo sintomático de una pareja en su vida cotidiana, queda aldescubierto,paradójicamente, en tiempos de descanso y corte de la rutina.
Las vacaciones no gestan, pero sí manifiestan todo aquello que ha estado latente durante losaños de vida en pareja, cuyos miembros viven como peligroso todo lo que se genera en tiempos devacaciones: mayor cantidad de tiempo frente al otro, tiempo libre que no logran ocupar ni siquieracomo tiempo de ocio compartido.
Es claro que hoy los miembros de una pareja, durante el año, poseen múltiples ocupaciones pornecesidades reales (económicas) o psicológicas (inconscientes). Frente a tantas actividades, le handado la espalda a todo aquello que comenzará a manifestarse en la temporada de vacaciones.
Al alterarse la rutina que una pareja sostiene durante el año, ha de surgir todo aquello que,justamente con esa rutina, se han encargado de ocultar. Se les impone una realidad que debenpensar-reflexionar cada uno de ellos pero también entre ellos: ¿qué los une verdaderamente?
He aquí donde surgirá la angustia que reavivará antiguos fantasmas, temas pendientes,recuerdos de malos momentos... Todo comenzará así a ser dicho, a ponerse en palabras. Se elevará elvolumen de las charlas, ya discusiones…
Comenzarán las diferencias y, con ellas, todas las heridas empezarán a sangrar: heridasviejas, heridas nuevas, heridas que calan más profundo con cada reproche. Todo es sacado a la luz,parecería que el sol del verano alumbra más y mejor. “Se sacan los trapitos al sol”,dirían las sabias abuelas.
También aparecen bajo la luz del sol la intolerancia ya existente entre ambos cónyuges, lafalta de interés por lo que opina o proyecta la otra parte, lo olvidado y hasta el no querercompartir actividades, aun las más banales y comunes.
La intolerancia que se siente es tal, que parecería no dejar siquiera escuchar la opinión delotro, sus comentarios o las posibles modalidades para llegar a acuerdos como un intento de mejorarla relación. Parecerían estar jugando entre sí, tal vez, a la supervivencia del más valiente o delmás resistente a tanta violencia y agresión.
Otro factor a considerar implica a los hijos cuando, no tan chicos, generan mayorcantidad de tiempo para la pareja. Tiempo que les hará verse en el vacío que sienten aun junto alotro-madre/padre de esos hijos.
Cuando no se ven reflejados en la mirada del otro (porque el otro esta mirando para otrolado), aparece otro tema a considerar que es el paso del tiempo y el surgimiento de las conocidas“crisis de los 40, los 50, los 60”…
Con todo esto, no podemos deducir que las vacaciones sean causa, motivo o razón del divorcio.Las parejas que tienen problemas, los tienen. Aunque estén ocultos o negados. Las vacaciones sólopuedan provocar que sean más sentidos, manifestados y enfrentados o negados. Y la rutina queencontrarán al regreso no podrá, en ese punto, salvar ya a esa pareja como venía haciéndolo. Antela revelación de las dificultades, ya nada sirve.
La manifestación de la decisión de divorciarse podrá entonces ser o no ruidosa. Dependerá delo patológico del vínculo, pero –seguramente- generará angustia y todo comenzará a pensarse,a precipitarse, y la persona no logrará sostener ese vínculo… un año más. Este es el momentoen que la pareja deja de ser una unidad y pasa a ser una suma de dos personas. Dos seres que tienenque equiparar las relaciones de fuerza y poder entre ambos. Uno tiene más información que el otro yno pueden dialogar porque es más la fuerza de la bronca que la fuerza de la razón.
(*) Presidente de CAPS Asociación Civil, www.caps.org.ar.






