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Cumbio rechazó candidatura para ser diputada, pero igual irá al Congreso

29-09-2026 | 01:11

Estuvo en el living de Susana Gimenez, entre los personajes del año de revista Gente y sentada ala mesa de Mirtha Legrand. Los medios convencionales se hicieron eco del fenómeno flogger yproyectaron la cara de su referente a la “fama convencional”: hace ya un mes que Cumbioestá grabando un programa en el que alterna las tareas de notera y camarógrafa. El ciclo–producido por su hermano– aún no tiene nombre, fecha de salida al aire ni canaldefinido, aunque en los pasillos de Endemol se habla informalmente del 13.

Cumbio se llama Agustina Vivero y 50 mil personas visitan su página web todos los días. Y a le ofrecieron ser diputada. “Un partido llamó a mi papá, calculando que en laselecciones de este año ya tengo edad para votar y ser candidata. Una locura”,recuerda sorprendida, pero comenta que igual en 2009 llegará al Congreso de la Nación: “La gente del PRO me invitó a que dé una charla sobre nuevas formas de comunicaciónpara los diputados”. En mayo cumplirá 18. Ya se anotó para estudiar periodismo, peroantes deberá aprobar las materias que tiene en marzo: entre ellas, Informática.

—¿Por qué elegiste periodismo?

—Creo que es lo que menos me aburre. Y es a lo que más atención le presté en el últimotiempo. Todavía no sé qué rama me interesa, tal vez la conducción. Con el programa estoy recontenta, somos un grupo de adolescentes, no somos sólo floggers.

Cumbio fue implacable ante los medios: supo retrucarle a Chiche Gelblung cuando le preguntó siera una nena o un varón e hizo que Karina Mazzoco y Paula Trápani cambiaran en vivo el videographde Mañaneras que la presentaba como “Bisexual a los 17”. Está de novia hace casi un añocon Marulina, una hermosa quinceañera de ojos verdes que soporta estoica los lances que hombres ymujeres se tiran con la flogger.

Marca registrada. Alguien escribió: “Maten a Cumbio” en uno de los camiones desu papá. En Boedo todos saben que ella vive en esa cuadra. La zona está llena de chicos queperegrinan hasta su casa con pantalones achupinados y flequillos lacios, los mismos que ladefendieron la semana pasada en el Abasto, cuando un chico quiso pegarle. Lo detuvieron entre todoshasta que llegó la policía. Aunque en realidad no hacía falta: ella ya le había dado dos certerastrompadas antes de que él pudiera rozarle la cara. “Nunca había entendido la violenciaverbal, y ya empezaron las piñas”, se indigna.

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